ANALOGÍAS DEL ELEFANTE SUMISO

En días recientes un amigo me prestó para que leyera, un folleto que contenía en sus páginas un sinfín de fábulas y parábolas que, ricas en moralejas, me dejaban con esa extraña sensación de insatisfacción que nos acompaña, cuando probamos algún manjar exquisito pocas veces degustado.

Resulta que entre todas las fábulas narradas hubo una en particular que me impresionó tremendamente. Esta llevaba por titulo: El elefante sumiso. Debo confesar que desde el punto de vista literario ésta no superaba a sus compañeras, sin embargo poseía una cualidad que me llevó a distinguirla por sobre las demás; me refiero a que la moraleja que se desprende de ella, le encaja perfectamente al pueblo cubano y explica en cierta medida el drama que por décadas hemos vivido.

Cuenta la fábula que un pequeño elefante fue comprado por un circo, obviamente con el propósito de entrenarle y utilizarlo en el espectáculo. Ante la posibilidad de que intentase escapar, se le puso un grillete a unas de sus patas, del que pendía una gruesa cadena atada en su otro extremo, a una estaca de madera clavada en la tierra.

Por haber nacido libre, aquella nueva condición irritó la naturaleza salvaje de animalito, que tan pronto como se percató de lo sucedido, respingó, pateó, embistió, todo a la vez sin que los encabritamientos lograsen devolverle el bien perdido; su libertad.

Aquel primer día muchos fueron testigos de los esfuerzos denodados y sistemáticos del infante paquidermo, por vencer las amarras, todos pudieron comprobar la inutilidad. Esta operación se repetía al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente, y en cada ocasión el resultado siempre fue el mismo.

Un día llegó en que nuestro protagonista se cansó de luchar y terminó por aceptar su condición de reo. Ese día perdió su identidad, olvidó lo que era y lo que había sido; de donde procedía y sobre todo, perdió su capacidad de soñar. Accedió a trabajar en eso de dar piruetas en la pista del circo a cambio de una magra ración de alimento.

A partir de ese instante aquel personaje oscuro y odiado por él, que llamaban domador y que siempre se personaba con un látigo en la mano, comenzó a disponer de su vida como lo hacen todos los amos. Tan abrumado estaba por la impotencia que no pudo percatarse que crecía físicamente y que paralelo ha ello también crecían sus fuerzas y que un día podría llegar a derribar con su trompa robustos árboles.

Los años pasaron y con ellos se fue reforzando en su mente la idea de que la estaca era imbatible, su nulidad no provenía de que sus capacidades o posibilidades estuviesen disminuidas, provenían de una creencia errónea asumida en el pasado. Esta es la respuesta a la interrogante que seguramente alguna vez todos nos hicimos, cuando junto al inmenso animal descubrimos la pequeña estaca: ¿Por qué no se libera?

El drama vivido por el pueblo cubano durante estas décadas encierra una gran analogía. La experiencia sufrida por el elefantito nos sirve perfectamente pala ilustrar, como puede transmutarse un pueblo de hombres libres en un pueblo de esclavos.

Pudiéramos trazar sin gran esfuerzo paralelismos: El animal cachorro, con la inmadures cívica que padeció el pueblo cubano en los primeros años de revolución; la falta de fuerzas del primero, con la ingenuidad, ignorancia e inexperiencia del segundo; la estaca, con la coacción, la represión, el miedo, el adoctrinamiento, la ideología y la delación; finalmente, la aceptación por parte del mamífero de la infame condición de siervo, encarnado en la idea de impotencia contraída durante el periodo pre adultes, con el síndrome de indefensión adquirida por el pueblo cubano, ante la imposibilidad de sacudirse a la dictadura del lomo y que se recoge perfectamente en el proverbio popular conocido que reza: “Esto no hay quien lo tumbe.”

La mala noticia es que como pueblo nos hemos parecido por mucho tiempo al elefante; la buena, que la amnesia que por tanto tiempo nos mantuvo en la ignorancia se ha comenzado a disipar y empezamos a descubrir nuestras verdaderas fuerzas. Como el paquidermo hemos andado lento, pero ya estamos por llegar.

Comentarios

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