¿POR QUÉ NO PODEMOS CREER QUE LA ECONOMÍA CUBANA HA CRECIDO UN 12,5% EN 2006? (2)

En un trabajo anterior, sostuve que las cifras relativas al crecimiento de la economía cubana, un 12,5% en 2006, en absoluto se corresponden con la realidad. Estos datos aparecen en la publicación reciente de CEPAL Estudio económico de América Latina y el Caribe 2006-2007, en su 59ª edición, y al igual que en el año anterior han sido objeto de un tratamiento separado, como consecuencia de la negativa de las autoridades cubanas a aceptar la metodología empleada por la prestigiosa institución continental.

En dicho trabajo expuse por qué creo que el crecimiento de la economía cubana no puede ser del 12,5%, y analicé con detalle la incidencia negativa del sector exterior. Ahora toca identificar si el estímulo del crecimiento pudo tener su origen en la demanda interna. La conclusión es poco optimista.

El Informe de CEPAL sostiene que los sectores más activos de la economía fueron construcción y comercio. El primero, con un avance del 37,7% con respecto al año anterior, el segundo con un porcentaje de incremento del 22,6%. A mayor distancia, los servicios comunales, sociales y personales, fuertemente dependientes del gasto corriente del Estado, se han mantenido en una tasa de variación del 10,6%.

Vaya por delante que en una economía en la que los medios de producción están en manos del Estado, y el consumo privado se halla en niveles muy limitados, cualquier expansión del multiplicador vía inversiones públicas tropieza con serios límites conceptuales para su aceptación, al menos a nivel teórico. Por lo tanto, desde el principio, no se puede aceptar la correlación entre construcción y consumo en la economía cubana, motores de un crecimiento económico más característico de una economía avanzada y de libre mercado.

Vayamos por partes. El crecimiento de la construcción, según CEPAL, tiene su origen en la inversión pública. Lógico si se tiene en cuenta que el régimen de propiedad existente en el país pasa por el control absoluto de los activos existentes. En ausencia de derechos de propiedad, lo público pasa a ser predominante. Entonces, conviene preguntarse de dónde procede el dinero que se destina a la inversión pública.

La respuesta es obvia, de los ingresos obtenidos por el Estado, que en Cuba, una vez más, son la práctica totalidad. Esto nos obliga a prestar atención a la política fiscal. En el capítulo de gastos públicos, con un aumento del 17,1% real, los gastos de capital aumentaron un 55%, cifra importante, pero que se tiene que valorar detenidamente.

El Informe de CEPAL señala que aun siendo elevado este aumento, la participación de los gastos de capital en el PIB tan sólo aumenta del 6,6% al 9,4% porcentaje que es insuficiente si realmente se pretenden remover los obstáculos que frenan el desarrollo de la economía, y desde luego, uno de los más bajos del continente.

Actualmente, la inversión alcanza el 13,1% del PIB. No deja de ser curioso que la estructura fiscal del régimen comunista dependa en mayor medida de los gastos corrientes que de los relativos a inversión en infraestructuras. Esa política de gasto con vocación de escasa permanencia es lo que explica el estado de atraso y de destrucción del capital productivo que caracteriza a la economía cubana.

Además, es preciso tener en cuenta que no toda la inversión pública habrá ido dirigida a la construcción, si se tiene en cuenta que otros sectores, como transporte, también se ven estimulados por esa corriente de gasto. Las informaciones procedentes de la Isla relativas al cumplimiento del plan de viviendas o la reparación de infraestructuras dañadas por los ciclones apuntan a que buena parte de la inversión pública habrá ido dirigida a recomponer lo destruido, de ahí que su aportación en términos de valor añadido y obra nueva habrá sido limitada.

La impresión es que, detenido el plan de expansión hotelera por los pésimos resultados del sector turístico, la construcción ha tenido un comportamiento más de tipo paliativo de los desastres que de expansión y capacidad nueva. Su contribución al crecimiento es, en tales condiciones, limitada. Más aun, cuando el déficit público se ha mantenido estable en el 3,2% del PIB y el peso del Estado en la economía ha vuelto a experimentar un nuevo aumento, en línea con las políticas adoptadas en los últimos años hasta situarse en el 63,1% del PIB, 12 puntos porcentuales más que en 2002, lo que deja muy escaso margen a cualquier acción privada.

El comercio, según el Informe de CEPAL, ha registrado un crecimiento como consecuencia del consumo privado. En un país en el que el racionamiento está condicionando el potencial de compra de las familias, y en el que el acceso a una relativamente amplia gama de bienes y servicios viene determinado por la disponibilidad de divisas y por ende, de moneda convertible de uso generalizado en las transacciones comerciales, no está muy clara la determinación del gasto consumidor.

Además, dada la estructura de los ingresos fiscales del régimen castrista, no conviene olvidar que el peso de la recaudación más importante, el 44,6% del total, incide precisamente en el impuesto sobre las ventas y servicios, que es un lastre para cualquier despliegue de las actividades productivas en la Isla, como expertos independientes han venido observando en los últimos años.

El Informe de CEPAL atribuye el alza del consumo a los aumentos de pensiones y salarios decretados en los dos últimos años, que han llegado a alcanzar el 8% del PIB, hasta una cifra de 4.260,9 millones de pesos (el cambio extraoficial se sitúa en 24 dólares, con una ligera apreciación) en particular, el del salario mínimo en un 125%. Con salarios medios que rondan los 20 dólares, cabe preguntarse qué tipo de expansión del consumo puede producirse en la Isla que sirva para estimular el crecimiento económico. La respuesta quizás se encuentre en el aumento imparable de la inflación, pero ese es asunto de otro análisis.

Por el contrario, sectores productivos que tienen un gran peso en la economía cubana, como la agricultura, han experimentado serios retrocesos en sus cifras, -6% la agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca, por segundo año consecutivo, no ofrece margen alguno para el optimismo. La actividad industrial manufacturera apenas aumenta un 1,9% cifra similar a la registrada el año anterior, 1,2%. La minería registra igualmente cifras muy bajas, lastrada por la falta de inversiones que permitan aumentar su capacidad productiva, 1,9%, perdiendo las oportunidades que se derivan en los mercados mundiales. La producción de electricidad, gas y agua, con un 3,4% tampoco ofrece motivos para el optimismo.

En tales condiciones, la productividad de los principales sectores de la economía cubana se resiente por la ausencia de estímulos, la falta de inversiones productivas y la incapacidad del sistema comunista para facilitar las condiciones de vida de los ciudadanos. Cabe preguntarse, ¿dónde está realmente ese crecimiento del 12,5% que se empeñan en defender las autoridades castristas?

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