LAS GUAGUAS CHINAS

Ya ruedan por las calles habaneras las prometidas guaguas, que desde hace más de dos años, la población venía esperando con interés y curiosidad. Según el vicepresidente del Consejo de Ministros, Carlos Lage, la presencia de estos vehículos obedece a un plan de mejoramiento del transporte, que comenzó en el 2005. Sin embargo, hasta el momento no habíamos visto a los ómnibus en pleno servicio.

Estructuralmente son sobrios, espaciosos y con buena utilización del área interior. La utilización de materiales plásticos duros y resistentes y la abundancia de elementos de unión, como pernos y remaches de acero, le dan solidez al espacio destinado a los pasajeros. Una abundante y adecuada disposición de ventanillas, favorece la ventilación. 

Los asientos, cómodos y desprovistos de cubiertas o rellenos, están  adecuados al maltrato que suelen darle los pasajeros. Según los choferes con los que he hablado, las características técnicas son muy buenas. En fin, la valoración que se hace de ellos es que son fuertes, modernos, cómodos y resistentes.

Nadie mejor que los chinos para saber que el transporte público de un país socialista, tiene que estar desprovisto de adornos. Hecho a prueba de maltratos e indolencias, propios de la conducta humana, cuando trasiega con lo que por ser de todos, no es de nadie.

Muchas personas, con sentido realista y basadas en la experiencia de casi medio siglo, pronostican que con el maltrato de los pasajeros, el mal estado de las calles y el exceso de pasaje, “ahorita”, las guaguas estarán hechas un desastre. Esto es lo que comentan, porque es lo que han visto siempre. Pero como ninguna realidad humana obedece a leyes rígidas e inexorables, puede que con el cambio de las cosas, cambie la gente y duren más estas guaguas. ¿Por qué no? 

Por su parte, el vicepresidente Lage, informó que ya se encuentran en el país 552 autobuses y que para el 2008, llegarán a la cifra de l l48. Así mismo, reconoció el “deterioro importante” del parque,  y aclaró que “las mejoras serán graduales y demorarían varios años en materializarse”.

En l958, la Capital cubana poseía un servicio de transportación de pasajeros, envidiado por el resto de los países del continente. La gestión corría a cargo de dos grandes empresas: la Cooperativa de Ómnibus Aliados S. A (COA) y la Financiera Nacional del Transporte S.A. (Autobuses Modernos). La primera, era una empresa privada en forma de cooperativa de los propietarios de las diferentes rutas; trasladaba al 75% de los habaneros, cuando la ciudad sólo contaba con aproximadamente un millón de habitantes. Poseía un inventario de l 200 vehículos, marca General Motors y una plantilla de l2 000 obreros y empleados. La otra, sustituta de los antiguos tranvías; se encargaba del 25% de los pasajeros, con 780 vehículos de la Leyland Motors Ltd., y 5 000 efectivos laborales. 

El transporte ha sido una de las actividades más golpeadas en estos últimos 48 años. Las dificultades empezaron cuando aún la recién nacida revolución, no había empezado a confrontar grandes problemas económicos. La explicación, para mí es bien sencilla: fue la primera industria confiscada por el estado revolucionario.

En fecha tan temprana, como, a los dos meses y cinco días luego del triunfo fidelista. Casi de inmediato empezaron los interminables problemas, por lo que se habilitaron camiones rusos para el trasiego de pasajeros. Las razones de la temprana incautación, obedecieron a la presencia de capitalistas cercanos a Fulgencio Batista, en las direcciones de las entidades.

Aunque los defensores del socialismo se nieguen a reconocerlo, y promuevan lo contrario, cuando el estado pone su mano en la actividad económica, la gestión se empobrece, estanca o arruina.

Comentarios

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