EN CUBA TENEMOS LO DE SIEMPRE: REPRESIÓN

Las imágenes de la represión injustificada y brutal contra Las Damas de Blanco el pasado lunes en La Habana, fueron ampliamente difundidas en los principales medios informativos internacionales. 10 indefensas mujeres, quienes pretendían entregar una carta al Gobierno pidiendo por la libertad de sus familiares injustamente encarcelados, fueron arrastradas e insultadas por fuerzas policiales y turbas organizadas por la Policía Política.

En la Cuba gobernada por Raúl Castro, luego de varias semanas en que se publicitaban medidas aparentemente aperturistas en el terreno de ciertos derechos nada fundamentales, se producía este acto represivo. La noticia en ello no está en que se haya reprimido -esto lo viene haciendo la dictadura comunista durante medio siglo-, sino que esta vez, se trataba de mujeres pacíficas contra las que se empleaba la fuerza y ante las cámaras de cadenas televisivas mundiales.

No estaría demás hacer la siguiente pregunta: ¿Ha sido esto sorpresa para algunos? Sin dudas, puede que sí; no podemos creer que no existen incautos que realmente creyeron que por tener el derecho, que no es lo mismo que la posibilidad, de tener celulares e ir a un hotel, la vida de los cubanos y las cosas en Cuba realmente están mejorando.

Quienes hemos afirmado lo contrario, y más aún, hemos asegurado que en Cuba no serán emprendidas por el régimen ninguna reforma que ponga en peligro el poder en el terreno económico, y menos aún en el político. Si bien ver las imágenes de estas valientes cubanas siendo maltratadas nos ha causado mucha indignación, no hemos sido sorprendidos en lo absoluto.

Estamos seguros, que ante la creciente perdida del miedo y hasta del respeto que cada vez más cubanos sienten, ya cansados, ante el Gobierno y sus aparatos represivos, Raúl Castro, sabiéndose, como lo sabe, que cuenta ante la población, e incluso, entre esos que se llaman revolucionarios, con menos respeto y autoridad que la de su hermano el tirano Fidel Castro, actuará ante situaciones como esta de modo incluso más represivo y violento.

Eso es lo que ha ocurrido con las Damas de Blanco. Si las cosas en el poder hoy en Cuba funcionan y se deciden como siempre han sido, es imposible que este acto de la Seguridad del Estado pudiera haberse llevado a cabo sin la orden expresa del General Raúl Castro. Lo contrario, que algunos especulan es así, sería que el ministro del Interior, o la Policía Política propiamente, lo haya decidido sin consultar, sabiendo el costo político adverso en cuanto a imagen internacional que traería el incidente.

Si ha ocurrido lo primero, lo cual considero más probable, demuestra que el nuevo dictador quiere enviar el mensaje tanto interno como externo de que nadie se llame a engaño, y que nada de lo que se haga, ni ninguna medida, podrán interpretarse en el sentido de que la naturaleza del sistema cubano estaría cambiando y que el poder que ellos ostentan, puede ser puesto en juego ni tolerada ninguna actividad que pueda mínimamente amenazarlo.

De ocurrir lo segundo, significaría de cualquier manera que el poder están en manos del aparato represivo y de aquellos que no están dispuesto a ceder en lo más mínimo en el terreno de permitir el ejercicio de las libertades ciudadanas, como puede serlo el de la libre manifestación pública, ni aún en dimensiones tan pequeñas y controlables como es el hecho de que 10 valientes pero indefensas mujeres estén en una plaza en La Habana.

Resulta por otro lado realmente bochornoso, que haya sido solo el Gobierno de los Estados Unidos, quien haya emitido una nota de protesta por este hecho. Nada se ha producido por parte, por ejemplo, de la Unión Europea a pesar de que las Damas de Blanco fueron galardonadas con el premio más alto que otorga el Parlamento de la Unión Europea por la lucha en defensa de los derecho humanos. Nada ha comentado, digamos, el Gobierno español, que tanto promueve el reblandecimiento de la postura de Europa hacia el régimen, estimulando el acercamientos con La Habana para de ese modo, según sus bizantinos argumentos, propiciar mejor la apertura.

Digámoslo claramente: si el régimen de Raúl Castro no puede tolerar que 10 mujeres estén de manera pacífica presentando una carta al Gobierno y manifestándose públicamente, entonces; ¿qué cambios y mejorías en el respeto a los derechos fundamentales y que cambios políticos en dirección a la apertura democrática podemos esperar de este nuevo gobernante de la dictadura cubana?

Es el momento de decir, que quienes pretenden acercamiento y mejoramiento de relaciones con la dictadura, solo están apuntalando políticamente a ese régimen y asumiendo el papel de cómplices en la prolongación de los sufrimientos del pueblo cubano. Están además contribuyendo con ello, a que junto al descontento popular cada vez más creciente, a pesar de las llamadas “medidas”, la posibilidad de que en Cuba se cree una situación explosiva que genere en violencia sean mayores.

Este es el momento de ser más abiertamente solidarios, desde todos los ángulos, tanto gubernamentales como sociales y políticos, con la causa de la democratización de nuestro país, si es que realmente se quiere mostrar solidaridad hacia nuestra isla. Es el momento de condenar del modo más enérgico estos actos del la tiranía por parte de los gobiernos democráticos del mundo y las instituciones internacionales.

El camino a la democracia no empieza por permitir libremente la venta de celulares ni microondas, ni aún permitiendo que todo el que quiera abandonar la tierra en que nació para escapar de la miseria y la represión lo pueda hacer. De una dictadura a la democracia solo se empieza a transitar, cuando los ciudadanos tengan el derecho, sin represalias, a decir lo que piensan; cuando quienes han luchado por esa democracia y están en las cárceles salgan de ellas; cuando quienes gobiernan, comiencen a considerar a quienes se le oponen, como seres humanos con derechos, que merecen además respeto y el derecho de aspirar en elecciones libres, a alcanzar el gobierno del país para servir a los electores.

Cuando en Chile la dictadura de Augusto Pinochet decidió convocar a un referendo para que el pueblo decidiera si quería continuar con el régimen o quería la democracia, permitió también que quienes se le oponían tuvieran, al menos, el derecho a 15 minutos diarios en la televisión para promover el NO. Los cubanos que aspiran y luchan por la libertad y un porvenir más próspero para nuestro país, no tienen, no tenemos aún, ni siquiera nuestros 15 minutos. Tenemos, lo de siempre: represión.

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