ENTREVISTA A MONSEÑOR MARIO MORENO SOBRE VIOLACIÓN OCURRIDA A LA PUERTA DE SU CATEDRAL (CUENTO)

Jaime Leygonier
Periodista Independiente. Hablemos Press
(www.miscelaneasdecuba.net).- (Cualquier parecido con hechos o personas reales vivos o aparentemente bobos es imposible que sea pura coincidencia).

Periodista de "La Voz del Arzobispo": - Monseñor, la ciudad está preocupada o tal vez despreocupada, por ciertos hechos singulares y controvertidos, pues unos dicen que no ocurrieron, otros que sí y otros que tal vez, pero ha creado expectativas de que Ud. oriente sobre los contornos sociales, históricos, culturales y hasta teológicos y, ¿por qué no?, hermenéuticos y semánticos del hecho que dicen que Ud. presenció, o no, de una supuesta aparencial violación ante la puerta de la S. M. Iglesia Catedral en momentos en que Ud. salía.

Monseñor Mario Moreno Jamlet: - Es cierto que yo salía por la puerta de la Catedral cuando tropecé con unos bultos que no reparé bien en lo que eran porque me distraje con un grupo de personas que gritaban insultos y "!déjala!; !déjala!" y yo levanté la pierna y pasé, que por poco me caigo, y seguí de largo a mis asuntos y luego supe por cierta prensa escandalosa que lo que me pareció ver era una pareja, un hombre que aparentemente tenía relación allí en el dintel de la puerta de la Catedral con una señora, cuando digo relación me refiero a la relación que es bendecida por el matrimonio (y remito a los interesados en el tema a mi homilía "Las bodas de Caná" y a la novela en 30 tomos de Monseñor Maximiliano Untuoso Tropel-Del verbo) pero en este caso parece que la pareja no había cumplido el requisito del sacramento matrimonial, aunque no me consta.

Una violenta campaña de prensa acusa a ese señor que es persona importante, nada menos que el dueño de la ciudad, de haber usado contra esa señora cierta firmeza para obligarla a la intimidad en cuestión y personas para nada imparciales sino enemigas de ese señor han insinuado, en forma muy insultante, con violencia y con vehemente animosidad contra él, que suponen que hubo algo tan sensiblemente grave como una violación, y desconociendo la misión de la Iglesia ante casos así, opinan, y hay opiniones de todo tipo y todas son respetables, que yo debía haber hecho o al menos dicho algo.

Tienes razón en que es muy controvertido y además controvertible y también, hay que reconocerlo, controversial, y hasta dudoso: unos dicen violación, otros que no, sino consentimiento y nada existe más difícil de comprobar con objetividad que la consumación de ese tipo de actos porque el entremezclamiento de unos y la nerviosidad del que mira impiden ver absolutamente si ocurre o sólo lo parece y, luego, la decencia más elemental me obligó a desviar la vista, ¿Cómo opinar entonces sin ser injusto? Por estas poderosas razones tenemos que ser muy cuidadoso de no juzgar temerariamente y levantar falso testimonio a ese señor que puede ofuscarse y perjudicar mucho a la Iglesia, como hizo alguna vez.

La Iglesia desea y necesita para cumplir su misión las mejores relaciones con ese señor y progresa en tal sentido desde la última vez que tuvimos pequeñas diferencias que es preferible no mencionar para seguir adelante constructivamente. De nosotros podemos afirmar con absoluta certeza que desaprobamos, por supuesto, y lo digo sin ánimos de lastimar los sentimientos de ningún violador pues son también nuestros hermanos e hijos queridos, esas intimidades fuera del sacramento matrimonial y son menos apropiadas a la puerta de un templo.

Igualmente es reprobable que un grupo de personas le gritara insultos al pobre señor, no sólo porque eso es contrario a la buena educación, mal ejemplo para los niños que escucharon ese lenguaje y faltarle el respeto al templo, sino porque no es el camino para convencer a nadie para que haga cambios en su conducta; la violencia sólo engendra violencia, esos ataques lo ponen nervioso y hacen atrincherarse en defenderse; contraproducentemente lo empujan a proceder a su modo propio con mayor, llamémosle cierto tipo de violencia, hacia esa señora.

Hay que esperar el momento oportuno en que pueda ser receptivo a aceptar consejos; creo que lo correcto era esperar a que concluyera su…eso, y ya, más calmado él, ofrecerle un cigarrillo y dialogar con él; mostrarse comprensivo con que una persona que le debe dinero a todo el mundo, y no se lleva bien con nadie, sufre tensiones y más si le gritan y esa tensión puede provocar natural exaltación de la libido, que encima le contrarían personas que se niegan a enfocar imparcialmente el problema. La señora, apenas la conozco, creo que se llama Patria Expósito, puede contar con toda nuestra simpatía y apoyo, oramos por ella y por él también, por supuesto, sería muy incorrecto de nuestra parte caer en favoritismos y tomar partido.
Este suceso, que lamentamos, y si se nos escuchara no ocurriría nunca más, nos aporta la lección de que no debemos tratar con hostilidad a las personas sino dialogar y que las mujeres por respeto a su sexo y al opuesto deben vestir castamente para que no alienten ese cierto tipo de, llamémosle irrespeto no deseado. También hay que conservar higiénico el dintel de la puerta de los templos por si ocurre.

La gente por apasionamiento desmedido quisieran que condenara a ese señor, pero no es esa mi misión sino predicar el Evangelio a violadores y violadas, hermanos todos, y llamarlos a que apacigüen sus pasiones para que puedan entenderse; no somos policías para separar a las parejas en ese peculiar desacuerdo; la ignorancia de esos principios inviolables (dicho sea sin alusión) ofusca a algunos que se nos apartan: los mas bullangueros con los pentecostales, y con los testigos de Jehová aquellos que dicen que aunque latosos son personas serias y los católicos no. Invoquemos a Nuestra Señora de la Pureza y prediquémosle a todos; y cuando todos acojan en sus corazones nuestra prédica no harán cosas que según ciertas opiniones no deben hacer. Esa, digo, es la misión de la Iglesia, su-misión.

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