EN EL 50 ANIVERSARIO DE LAS CONFISCACIONES DEL SECTOR PETROLERO CUBANO

Elías Amor Bravo
Economista ULC
(www.miscelaneasdecuba.net).- La preocupación por el petróleo ha sido una constante obsesión de la “revolución castrista”. La dependencia, primero de la URSS, después de Venezuela, y la búsqueda ansiosa de pozos petrolíferos en las aguas del Golfo de México son iniciativas que no permiten al castrismo superar las carencias estructurales de una actividad productiva cuya destrucción sectorial en la Isla ahora cumple medio siglo.

En la historia de las atrocidades cometidas por el régimen castrista contra la economía cubana, en estos días se cumplen 50 años de las confiscaciones decretadas unilateralmente por los jóvenes revolucionarios contra las compañías petroleras de Estados Unidos que, de forma legítima, operaban en la Isla para proporcionar servicios de suministro de combustible y producción de derivados del petróleo a la población.

Si, es cierto que el paso del tiempo y la propaganda única del régimen pueden intentar confundir y hasta hacernos creer una historia distinta, pero los hechos posteriores han sido contundentes. Nunca más Cuba volvió a poder garantizar a su población unos suministros adecuados de gasolina y de otros derivados del petróleo, con consecuencias dramáticas para el nivel de consumo de la sociedad o la producción de energía para las actividades productivas.
Da igual. Para aquellos jóvenes revolucionarios, todo se interpretaba en términos de agresiones, “zancadillas” y provocaciones. Se buscaban los enemigos donde no existían, y si era preciso, se creaban con los instrumentos de propaganda y la demagogia para ir construyendo ese estado policial, represor y delator que caracterizó al castrismo desde su llegada al poder. 

Parece ser que el estallido de los acontecimientos se produjo, según un artículo en Granma de Eugenio Suárez, “el viernes 10 de junio de 1960 cuando, ante las cámaras de televisión, el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, expuso que el gobierno de Estados Unidos había acusado al Gobierno Revolucionario de que gastaba las divisas en armas y no le pagaba a los proveedores norteamericanos”.

Haciendo uso del sentido común, y temiendo lo peor de los acontecimientos, el gobierno de Estados Unidos empezó a exigir a los revolucionarios el pago inmediato de las compras de petróleo al observar que el nuevo régimen hacía caso omiso de sus compromisos financieros y adoptaba medidas que suponían unilateralmente una ruptura de la situación que había estado funcionando en la Isla durante casi medio siglo.

Ciertamente, aquella vorágine revolucionaria nunca tuvo en cuenta la necesidad de mantener un equilibrio en las cuentas, como principio básico de la gestión económica, y ya se empezaba a vislumbrar la tragedia que se instalaría poco después. Así que, conforme la revolución iba nacionalizando bancos y entidades que suministraban la financiación para la compra del petróleo, las autoridades de Estados Unidos empezaron a alarmarse ante los acontecimientos. El temor a una bancarrota ya empezaba a ser una realidad.

Las tres grandes compañías petroleras extranjeras que operaban en Cuba en aquella época: The Texas Company, Esso Standard Oil S. A., y la Compañía Petrolera Shell de Cuba S. A., conocidas como Texaco, Esso y Shell, respectivamente, no sabían cómo hacer frente a los compromisos que tenían con sus casas centrales, conforme los contactos y las relaciones en el sistema financiero de la Isla iban desapareciendo. Al mismo tiempo, Fidel Castro lanzaba duras acusaciones a la nueva política comercial de Estados Unidos, enrareciendo más aun el ambiente que ya de por si era bastante complicado.

Un intento de solución al problema fue la autorización por el Banco Nacional de Cuba de satisfacer los 20 millones de dólares que en concepto de atrasos se debía a las tres compañías, por las importaciones de los años anteriores. Aparentemente, los representantes de las empresas mostraron su conformidad, y la situación parecía resuelta a corto plazo.

Tal vez, haya que hacer algo de historia para comprobar la difícil situación que se había generado en la Isla en aquellos años.
Como en tantos otros ámbitos de la economía cubana, los jóvenes revolucionarios al poco tiempo del triunfo de la Revolución, haciendo gala de una ignorancia supina en la gestión de los asuntos económicos, crearon un organismo público y burocrático, el Instituto Cubano del Petróleo, cuyo cometido sería ejercer un control directo de los combustibles.

Una decisión absurda en una economía como la cubana, en la que todo el petróleo que se refinaba procedía del extranjero a través del comercio de las mismas compañías que poseían las refinerías y los depósitos de petróleo en otros países.

Obsesionados por destruir las bases empresariales de la economía de la República en sus primeros 50 años de existencia independiente, impedir la acumulación de capital legítima de las empresas, mermar de forma artificial la rentabilidad empresarial y el auge de la actividad económica, los jóvenes revolucionarios decidieron unilateralmente empezar a comprar “directamente su petróleo pagando el “precio justo”.

Así, la primera acción fue ir al mercado internacional a comprar el petróleo necesario para las primeras pruebas”, señala textualmente el artículo de Granma, en el que ya aparecen juicios de valor típicos de la propaganda castrista: “precio justo”, “petróleo necesario”, con una clara orientación intervencionista y planificadora. La gestión de compras del Estado cubano fue bastante deficiente: diferencias de precios ridículas, que apenas alcanzaban los 70 centavos el barril, pero que iban a suponer una desviación política de la corriente comercial que había estado funcionando, y muy bien, hasta entonces en la economía cubana.

No es extraño que el Estado revolucionario no encontrara transporte marítimo para el petróleo comprado, ¡qué casualidad!, a Venezuela. Los barcos tenían definidos sus recorridos, y en ausencia de una flota mercante petrolera propia, había que recurrir a los fletes internacionales. Cualquier experto en aduanas les habría explicado que su objetivo de traer petróleo a Cuba tomaría un tiempo, tal vez, bastante tiempo.

Sin embargo, Fidel Castro calificó este suceso de “zancadilla”, y en vez de atender las recomendaciones de las empresas petroleras, cuyo objetivo era seguir dando servicios de calidad a la población cubana, como lo habían venido haciendo en décadas anteriores, se fue a la URSS, cómo no, a comprar un petróleo de graduación distinta al procedente de Estados Unidos que era el que se refinaba en Cuba.

Conclusión, las plantas transformadoras empezaron a presentar problemas técnicos, lo que se interpretó por los “jóvenes revolucionarios” como un “bloqueo”, ya apareció el término por primera vez, y una obstrucción por parte de las empresas a seguir las directrices erróneas del gobierno. ¿Dónde se ha visto que las empresas deban seguir las instrucciones de los gobiernos para cumplir sus objetivos?

Por más que los expertos y los profesionales del sector petrolero existentes en la Isla trasladaban a aquellos jóvenes revolucionarios una serie de argumentos sobre la inviabilidad técnica de operar con un petróleo de graduación y naturaleza distinta, mayor era el enfado castrista y su incapacidad para observar la realidad con la necesaria objetividad. Una decisión de carácter técnico y empresarial era para Fidel Castro, simplemente, una maniobra contra su poder y un atentado a la revolución.

Los acontecimientos empezaron a deteriorarse a partir de entonces de forma alarmante. La Esso, la Shell y la Texaco, con muy buen sentido común, y preocupadas por la violencia verbal del castrismo, empezaron a retirar a sus ingenieros y técnicos de las refinerías, a los especialistas y obreros cualificados cubanos que trabajaban en sus plantas, incapaces de dar solución técnica al refinado del petróleo ruso, de calidad y graduación diferente al de Estados Unidos, y hartos de acusaciones, insultos, vejaciones y todo tipo de afrentas de los jóvenes revolucionarios.

La situación empezó a complicarse más aún cuando Fidel Castro, en persona, emplazó a los obreros de estas plantas, que no eran ciertamente muy numerosos, dado el carácter capital intensivo del sector, y sin duda la parte más débil de todo el proceso y la que menos posibilidades tenía de afrontar el cambio de la situación,  “a mantener una actitud alerta y vigilante para evitar cualquier tipo de sabotaje contra esas refinerías”. 

Pero con las compañías fue aún más contundente, y su mensaje aun rezuma odio y venganza, ante la incapacidad de reconocer lo que fue uno de sus primeros fracasos en la transformación del sistema económico y productivo cubano. Textualmente, la amenaza es de una maldad incontenible:

“Sepan que este es un país soberano y que el Gobierno Revolucionario está dispuesto a hacer cumplir las leyes de la República.

Que ante esta situación decidan ellas o rectificar, rectificar sí, la decisión tomada o que caiga sobre ellos la culpa que no digan después que fue el Gobierno Revolucionario que agredió y ocupó y confiscó.

Así que el Gobierno Revolucionario recoge el guante, les devuelve el guante y que ellas decidan su propia suerte”.
La sentencia de muerte al sector petrolero estaba echada.

En la noche del 24 de junio, en una de esas peroratas televisivas de los primeros años de la revolución, Fidel Castro informaba que las compañías petroleras no habían respondido a sus exigencias del 10 de junio.

Cuatro días después, a las 7:10 de la noche, el Gobierno Revolucionario dictaba la Resolución No. 188, firmada por el Primer Ministro, Fidel Castro Ruz, que resolvía textualmente:

“Primero.—Disponer que el Instituto Cubano de Petróleo (ICP) sitúe las cantidades de petróleo crudo necesarias para garantizar el funcionamiento de la planta refinación de The Texas Company. (West Indies) Ltd. y que ésta cumpla con los abastecimientos de combustibles que le corresponden.

Segundo.—Que en caso de negativa de la mencionada empresa, a cumplir y acatar las Leyes de nuestro País y las disposiciones que al amparo de ellas emanaron del Gobierno Revolucionario del pueblo de Cuba, el Instituto Cubano del Petróleo (ICP) procederá a intervenir dicha empresa adoptando las medidas necesarias a fin de mantener en producción la refinería y el cumplimiento ineludible de las Leyes de la República”.

Las incautaciones fueron inmediatas. En la mañana del 29 de junio las refinerías de la Texaco, en Santiago de Cuba y La Habana, empezaban a procesar el petróleo del Estado, tras ser asumida la dirección de esta empresa por funcionarios del Instituto Cubano del Petróleo.Nadie sabía muy bien qué hacer, pero los revolucionarios se habían salido con la suya.

Al día siguiente, dos nuevas resoluciones, la No. 189 y 190, ambas del 30 de junio, con igual contenido que la No.188 del 28 de junio formalizaban la incautación de la Compañía Petrolera Shell de Cuba, S. A., y la segunda con el mismo objetivo a la Esso Standard Oil S. A., si se negaran a cumplir y acatar las leyes cubanas de refinar el petróleo adquirido por el país, lo que evidentemente iba a ocurrir, ya que era imposible procesar el duro y grasiento petróleo ruso.

El 1 de julio fueron intervenidas las refinerías de las compañías petroleras extranjeras Esso y Shell por incumplir una antigua Ley de Minerales Combustibles de 1938, que los revolucionarios se sacaron de la manga para justificar todas las tropelías y robos de propiedad de las empresas petroleras. 

Una Ley que efectivamente exigía a las compañías petroleras a refinar petróleo del Estado, pero un petróleo que no supusiera dificultades técnicas de proceso como el ruso que al cabo de cierto tiempo fue destrozando las instalaciones, exigiendo costosas inversiones y un reajuste de las plantas que fue el origen de la escasez y el racionamiento posterior. Pero eso, es ciertamente, otra historia.

Comentarios

Maduro, Chávez y Fidel Castro
[18-08-2019]
Angélica Mora
New York
  (www.miscelaneasdecuba.net).- El sacerdote venezolano, José Palmar, hoy en el exilio, teme por su vida. Sabe tantos secretos de Miraflores -que se acumulan desde los tiempos de Hugo Chávez- que está consciente que puede ser atacado por partidarios del régimen de Nicolás Maduro en cualquier momento, en Miami u otro lugar por donde él transita.
Foro Sao Paulo, política y crimen
[06-08-2019]
Pedro Corzo
Escritor, Periodista y Editor
  (www.miscelaneasdecuba.net).- Los enemigos de la libertad no descansan. Siempre están al acecho, en busca de oportunidades que les permitan controlar sociedades y gobiernos y el Foro de Sao Paulo, más allá de su efectividad desestabilizadora y antidemocrática, es el instrumento internacional más vigoroso en el hemisferio que poseen los liberticidas.
Fidel planeaba esclavizar a los trabajadores cubanos desde el principio
[30-07-2019]
Huber Matos
Huber Matos a la derecha y Fidel Castro a la izquierda en la entrada a La Habana en enero de 1959. Foto: cortesía del autor.   (www.miscelaneasdecuba.net).- Por décadas se ha debatido sobre el fracaso económico del castrismo, señalando que es el resultado de la estatización de la economía cubana. La pobreza de los trabajadores cubanos es consecuencia de tal centralización, que sería o es el resultado de la aplicación del marxismo-leninismo.  Sin embargo el control directo de la economía por parte del estado obedece a la necesidad de mantener a los trabajadores en un estado de obediencia y servilismo que no les permitan tener otra necesidad que la supervivencia material. 
Foro de Sao Paulo: La Internacional castrocomunista
[30-07-2019]
Julio M Shiling
Escritor y politólogo
Foro de Sao Paulo: La Internacional castrocomunista (1). El derrumbe del Muro de Berlín y la disolución de la URSS dos años después, no significó la caída del comunismo. El comunismo se mutó. El dictador cubano Fidel Castro fue el arquitecto y autor intelectual del rescate del comunismo internacional. (www.miscelaneasdecuba.net).- La Unión Soviética (URSS) no inventó el comunismo, pero sí fue el primer Estado moderno en implementar exitosamente este sistema. La versión del socialismo/comunismo que sobrevivió la guerra entre las facciones de las internacionales del siglo XIX fue la pseudocientífica que confeccionaron Karl Marx y Friedrich Engels.
Suscripciones a Misceláneas de Cuba
Edición electrónica
Suscríbase para adquirir la revista
Colaboraciones
Envíe colaboraciones digitales a: colaborar@miscelaneasdecuba.net
Misceláneas de Cuba autoriza la reproducción de los textos aparecidos en su página digital y su revista impresa siempre y cuando se les indiquen como fuente.
Misceláneas de Cuba no comparte necesaria-mente las ideas vertidas en los artículos firmados, las cuales son responsabilidad de sus respectivos autores. La línea editorial de esta publicación quedó recogida en el artículo de fondo de su edición fundacional Pasando Revista a las Razones de la Revista.