EL ANÁLISIS DE LAS REFORMAS DE LA ECONOMÍA CUBANA

Elías Amor Bravo
Economista ULC

(www.miscelaneasdecuba.net).- El diario español EL Mundo en su edición de hoy 10 de septiembre, se hace eco de un documento con membrete oficial del único partido y sindicato que está autorizado a funcionar en la Isla, en el que se contiene, con cierto detalle, el sentido y la orientación del plan de reformas en materia económica.

Al parecer ya está decidida la expulsión más o menos inmediata de 600.000 empleados estatales con una indemnización de un mes de sueldo. De manera simultánea, anuncian la concesión de 250.000 licencias para pequeñas empresas. 

Para empezar, nada garantiza que ese anuncio suponga la creación de empresas y la corrección inmediata de la elevada cifra de desempleo. Lo más probable es que suceda todo lo contrario, y que la iniciativa empresarial no acepte las reglas del juego fijadas por los hermanos Castro. Yo jamás recomendaría a un cubano que, con el marco actual de reformas, pusiera en marcha una empresa, en tanto en cuanto no se aclaren algunas cuestiones fundamentales.

Estas cuestiones hasta la fecha no parecen tener respuesta. Por ejemplo, cómo se van a crear esas nuevas empresas y que figura jurídica van a tener, en qué sectores o actividades de forma libre se podrán crear las empresas, qué márgenes de beneficio van a obtener, dónde se podrán aprovisionar de los medios de producción, materias primas y tecnología, cuál será la financiación, parece que se piensa autorizar la recepción de remesas del extranjero pero dudo de la efectividad a corto plazo de las mismas, sobre todo con su distribución por edades y destino a la atención de necesidades primarias, o también cómo se realizará la contratación de trabajadores y la fijación de salarios, cuestiones que, mucho me temo, el régimen no ha tenido mucho interés en analizar.

En suma, para llevar la economía estalinista cubana hacia el sistema de economía de mercado, hay que hacer muchas cosas y creérselas realmente.

A resultas de la combinación de estas medidas, cabe suponer que aumentará rápidamente el desempleo, un fenómeno que la manipulación estadística ha ocultado históricamente de las cuentas nacionales, pero lo que es más grave aún, las ineficiencias productivas y escaseces que afronta la población, tampoco se van a ver corregidas con las medidas que ya se han anunciado, ya que no se van a alcanzar los niveles de dimensión productiva con empresas independientes de la iniciativa estatal en un período de tiempo muy corto.

La aparición del desempleo va a generar más tensiones sociales. Las personas que pierdan su puesto de trabajo en el Estado y no se puedan incorporar a la dinámica de las nuevas empresas, qué van a hacer. Esta es una cuestión que arroja incertidumbre hacia el plan de reformas. En materia de asuntos económicos, no se puede improvisar, ni mucho menos, actuar con cobardía. La visión estalinista de una economía privada sometida a los imperativos de un control burocrático, que parece ser la apuesta del raulismo castrista para la economía cubana, no es una solución viable.

Tal vez habría que empezar por otro sitio bien distinto. Porque una cosa es la gestión privada de la economía y la recuperación del mercado como mecanismo de asignación, que es lo que se pretende en Cuba, y otra bien distinta es la existencia de un marco previo, jurídicamente estable, de derechos de propiedad que fije la titularidad de los activos existentes en la economía, el mecanismo de acceso a los derechos reales y sucesorios, y las fórmulas de transmisión de la riqueza y la renta generadas con el proceso productivo. Y de eso, hasta ahora, no aparece nada en los documentos reseñados.

El régimen castrista rechaza aceptar que la libertad económica disponga de un espacio suficientemente amplio y estable para que los agentes económicos puedan definir y tomar sus decisiones en términos de la mejor fuente de información que existe, que son los precios.

Del contenido del plan se concluye que la dirigencia comunista cubana sigue sin confiar en la propiedad privada, y la pretende manipular en beneficio propio, básicamente para ganar tiempo y conservar el poder político. Su reflexión es que ante un escenario ciertamente lúgubre y pesimista, tal vez convenga dejar un poco de oxígeno para ver que hacen las cooperativas, las pequeñas empresas hasta ahora ilegales, y alguna que otra iniciativa similar. Si las cosas no salen bien, se da carpetazo y vuelta atrás.

Por ello,  el control y el derecho de la propiedad se mantiene en manos del Estado, la definición de los mecanismos de asignación sigue dependiendo de decisiones políticas, y la obsesión con eliminar cualquier proceso de acumulación de capital y beneficios, criminalizando la actividad empresarial, frena y obstaculiza el proceso. Esa no es la solución.

La libertad económica exige derechos de propiedad para el ejercicio real de esa libertad, con autonomía de decisión y capacidad para asumir los riesgos, la obtención de beneficios, y, por qué no, la aceptación del fracaso. La esencia de la economía de mercado es esa, de los fracasos empresariales, de la mortandad de empresas en sus primeros años de existencia, aparecen los proyectos que luego se convierten en los líderes de sus sectores.

Comentarios

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