PERO, ¿SON LOS BURÓCRATAS LOS CULPABLES DE TODO?

Elías Amor Bravo
(www.miscelaneasdecuba.net).- Ahora resulta que el obstáculo principal para la “actualización del socialismo”, que se contiene en los denominados “Lineamientos de la política económica y Social”, se encuentra en lo que un artículo publicado en Granma por Félix López denomina, sin duda con todo tipo de connotaciones despectivas, “la casta burocrática”.

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De pronto, el castrismo ha identificado quiénes son los responsables de que el “manual del buen revolucionario” contenido en los “Lineamientos” simplemente no funcione. O dicho de otro modo por el mismo Raúl Castro ante la Asamblea Nacional, quiénes se esconden detrás de “la barrera sicológica formada por la inercia, el inmovilismo, la simulación o doble moral, la indiferencia e insensibilidad." Los burócratas.

Todo un enunciado político que aventura un futuro poco prometedor para los que actualmente desempeñan estas funciones en la Isla. Sin embargo, y al margen del grado de razón que se contiene en este análisis, no conviene olvidar varios aspectos que el castrismo no parece prestar atención.

Primero, ¿Quién es el responsable principal de que esos burócratas estén ahí?

Segundo, ¿Qué aspectos institucionales, políticos y sociales son los que salvaguardan su poder para frenar los “cambios”?

Tercero, y tal vez lo más relevante, ¿Qué hacer para que ese poder burocrático desaparezca y deje que las fuerzas de la economía funcionen realmente?

En mi opinión, las dos primeras cuestiones nos conducen a Fidel y Raúl Castro, a fechas tan tempranas como 1959 y las decisiones confiscatorias que supusieron la transformación de la base estructural de la economía cubana de los primeros 50 años de existencia de la república.

La geopolítica de la economía se vio trastocada, primero con el robo sistemático de riqueza a amplios sectores de la población, y la estatalización de toda la propiedad, y más tarde, con la ruptura de relaciones con la sociedad occidental y la aventura del estalinismo soviético y el comunismo. De ahí, a la aparición de una estructura burocrática de poder, sólo había un paso. Y ese paso se dio sin miedo alguno.

Medio siglo de ataduras institucionales (de normas imposibles de cumplir, de constituciones contradictorias con sus propios enunciados, de amplios márgenes de discrecionalidad en la toma de decisiones) en las que la vida de los cubanos, desde el nacimiento hasta la muerte, se encuentra sometida a los dictados de un Partido único, un sindicato único, una libreta de racionamiento, una determina actitud hacia el máximo dirigente, han creado una sociedad burocrática e incapaz de impulsar sus propias transformaciones.

La burocracia es el resultado del régimen castrista, su fundamento y razón de ser. Ahora, en el final de ese largo recorrido, el castrismo busca desprenderse de ese pesado lastre.

Y lo hace apuntando directamente a la burocracia y su incapacidad para que “la mentalidad evolucione a la par de la vida; el pataleo de otros para no entregar las parcelas de poder adquiridas a costa de sacrificar, molestar e irritar al pueblo, y la certeza de que la burocracia es un modo de vida al que ya no pueden renunciar”.

Durante medio siglo, el régimen se consolidó gracias a ese poder burocrático que, como una fiel correa de transmisión, hacía que la sociedad en su conjunto funcionara de acuerdo con las directrices de la cúpula. Una burocracia nepotista, primada, compensada, y bien retribuida en especie, que escapaba de las escaseces y miserias de las libretas de racionamiento y que, gracias a la proximidad al poder, disponía de bienes y servicios superiores a los de la media de la población, lo que generó no pocos resentimientos en amplios sectores de la sociedad.

Los cubanos aspiraban, y en mi opinión aun creen que vale la pena, a integrarse en esa burocracia que el castrismo ataca de forma brutal. Y cito textualmente al artículo de Granma, “la vida demuestra que al burócrata, por naturaleza, le extirparon la capacidad de reconocer un error, aceptar la corrección y asumir el cambio”.

Con esta estrategia, no me cabe la menor duda que el régimen está cavando su propia tumba. La burocracia, cuyo nivel de conocimiento e información también es superior a la media, no ignora la campaña que en contra suya ha lanzado Raúl Castro, y empezará a aumentar la preocupación, el temor a las represalias, y por qué no, la desafección y la ruptura.

Muchos entonarán un cántico desde la distancia, como el de Pablo Milanés, sin romper las cadenas que aún les mantienen como esclavos de un régimen que considera muerto para siempre, y ahí es donde pueden aparecer los dirigentes de mentalidad más abierta, y capaces de impulsar los cambios que realmente necesita Cuba para acercarse al mundo occidental, democrático y libre.

La tercera cuestión es también de fácil solución. Desde luego, si se pretende que los obstáculos burocráticos pierdan fuerza para frenar los cambios, la vía elegida en los “lineamientos” no es la más acertada. De hecho, con esta propuesta el castrismo no hace más que hablar de “actualización del socialismo” manteniendo un sistema que ha sido incapaz durante medio siglo de que la economía produzca lo suficiente para atender las necesidades de toda la población.

La cuestión apunta a las instituciones y su modelo de funcionamiento. Las que permiten que los agentes, privados y públicos, puedan operar sobre reglas conocidas y bien definidas en un marco predecible y estable. Un nuevo Estado de derecho y de libertades constitucionales, en el que la propiedad privada contribuya realmente al fomento de la dinámica social, con un sistema judicial independiente y dotado de recursos para fijar las posiciones en juego.

Un nuevo modelo de asignación de recursos, basado en el funcionamiento de los precios de mercado, donde las decisiones de los consumidores y productores orienten el ajuste demanda y oferta en condiciones de libre competencia. Y por supuesto, un sistema tributario moderno y eficiente que dote de recursos a la hacienda para mantener los servicios que se prestan a la población, pero en condiciones de oferta y calidad adecuada.

En tales condiciones, una nueva burocracia aparecerá en Cuba, posiblemente evolucionada a partir de la que existe en la actualidad, con una capacidad para emprender, asumir riesgos, servir realmente a los ciudadanos y mantenerse respetuosos en el cumplimiento de las normas del Estado de derecho. Una burocracia al servicio de los ciudadanos y de la sociedad civil, y no a la inversa.

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