Más orden o más libertad: lo que realmente necesita Cuba y los cubanos

Elías Amor Bravo
(www.miscelaneasdecuba.net).- El pasado viernes se celebró una de esas reuniones del consejo de ministros ampliado a las que asiste Raúl Castro para lanzar todo tipo de mensajes y arengas a una cada vez más desmoralizada cúpula dirigente del régimen.

Como casi siempre, en estas reuniones se dicen cosas asombrosas. Pero esta vez, el llamado de Raúl Castro “a continuar fomentando el orden en todos los escenarios de la sociedad”, me ha llamado especialmente la atención, lo mismo que su mensaje de “la necesidad de seguir trabajando con disciplina y exigencia para que el país se desarrolle de manera sustentable”.


Lo primero que llama la atención es que una organización política e institucional dirigida de forma absoluta por el poder estatal, necesite “orden”. Si volvemos la mirada atrás descubrimos que la ausencia de orden en “los escenarios de la sociedad” es un rasgo más propio de una especie de quimera anárquica, que de la organización estalinista creada por los Castro desde el triunfo de la llamada revolución.


Orden ha sido mantener todo el control económico bajo el estado, eliminando cualquier vestigio de asignación de recursos por parte del mercado y la competencia. Orden ha sido eliminar y penalizar cualquier fórmula asociada a los derechos de propiedad, su transacción, crecimiento o acumulación. Orden ha sido eliminar cualquier iniciativa emprendedora de los agentes privados e intervenir en cualquier operación de inversión extranjera exigiendo distintas fórmulas de participación. Orden ha sido fijar un sistema del que ningún cubano puede escapar, emanado de las directrices de lo que llaman “sociedad socialista”, cuyo perfeccionamiento es el objetivo de esa carta de deseos contenida en los llamados “Lineamientos”.


Pasando revista a todo esto, no podemos preguntarnos más que, ¿qué clase de broma es ésta de la exigencia de “más orden en todos los escenarios de la sociedad?¿Cómo es posible que el máximo dirigente de un estado que observa que el orden establecido es directamente responsable del pésimo estado en el que se encuentra esa sociedad, siga exigiendo “más orden”.


Pero, ¿de qué orden hablamos? Tal vez del orden cuartelero procedente de cualquier militar con vocación política dispuesto a lanzarse a la arena en cualquier momento. ¿Acaso los Castro preparan a la sociedad y sus distintos escenarios a continuar recibiendo “órdenes” del ejército? Tal vez estamos ante el “orden” que reclama un juez en una sala. Lo dudo. En esos consejos de ministros ampliados rara vez se discuten los asuntos. No existe espacio para las opiniones alternativas en el sistema político e institucional creado por los Castro. Entonces, ¿de qué orden hablamos?



No se me ocurre otra cosa que de la reacción natural y humana al armatoste de ineficiencia, parálisis y decadencia del estalinismo que fue establecido en la otrora competitiva economía cubana por los hermanos Castro hace más de medio siglo. Por supuesto, que si el orden que se solicita viene a tratar de eliminar esas reacciones naturales a cualquier intento de sometimiento y obediencia a postulados difíciles de compartir, entonces, bienvenido el desorden, con todas sus consecuencias.


La consecuencia más alarmante que cabe obtener de todo este análisis, es que la petición de “orden en todos los escenarios de la sociedad” que formula Raúl Castro es causa y no efecto, del régimen imperante. Grave. Más orden, en la línea demandada por el máximo dirigente del régimen castrista, es justo lo que no necesita la economía para funcionar mejor. Más orden, no es lo que necesitan los cubanos para poder respirar aires de libertad y progresar. El orden, ese orden castrista que supuso la llamada “revolución”, es el único responsable del estado actual de atraso y postración de la sociedad, y por mucho que se empeñe la propaganda castrista en decir lo contrario a estas alturas, es necesario denunciarlo públicamente.


Basta ya de tanto orden. Lo que necesita la sociedad cubana para recuperar su trayectoria histórica va justo en la dirección  contraria, y se concreta en libertad, autonomía de decisión, responsabilidad, ética y competencia. Valores que, nada tienen que ver con ese “orden cuartelero” de Raúl Castro.


En esa operación, que seguro que no será tarea de un día, es donde los cubanos pueden sentir que recuperan su identidad nacional, capacidad para afrontar los problemas y darles solución como lo hace el resto de ciudadanos del mundo, y no recurriendo a fórmulas que ya han caído en desuso en todos los países en que se impusieron por la fuerza.


El camino de la libertad es el que necesita Cuba y los cubanos, y no el del “orden” de Raúl Castro.

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