La izquierda latinoamericana y los cuchillos largos de Fidel Castro

Gualdo Hidalgo
Latin News
(www.miscelaneasdecuba.net).- No fue en asalto al cielo ni a la libertad en lo que culminó la lucha del pueblo cubano, liderada por Fidel Castro, contra el general Fulgencio Batista. Sobre las cenizas ardientes de la guerra solo asistimos al traspaso de poderes de la típica dictadura de corte tropical a la aún más feroz dictadura comunista; y para colmo, rusa, eslava, y extranjerizante.

Irónicamente, la extrema izquierda de América Latina, caracterizada por la crítica sempiterna al distanciamiento de nuestra autoctonía -expresado mediante el calco de los modelos estadounidenses y europeizantes-, desde 1959 ha celebrado, con fanfarria y regocijo infinito, la dictadura de Fidel Castro, cuya concreción histórica esencial consistió en la supeditación servil a la bota rusa.

En los albores del siglo XXI resulta insultante que la izquierda latinoamericana insista en perpetuar la apostasía cometida por Fidel Castro y ofrezca a los países latinoamericanos la añeja receta del siglo XIX copiada de Marx, Lenin y Stalin.

Si bien es cierto que el fin del milenio pasado no implica, necesariamente, el fin de la historia, y que América Latina, metafóricamente hablando, se encuentra en una encrucijada, el seguir la senda que apunta el índice de la izquierda - conducente a las extemporáneas y fracasadas revoluciones socialistas de Rusia y Cuba- solo agravaría y multiplicaría los acuciantes problemas del área.

Rusia y Cuba han sido meras tierras de promisión para las encandiladas y febriles mentes de socialistas y comunistas. Obviamente, el pueblo cubano y los demás pueblos latinoamericanos, aherrojados brutalmente por aquellos que se autoproclaman sus liberadores, están hartos de los deslumbramientos, alucinaciones y embelesos de los falsos profetas socialistas y la miríada de sus falsas promesas, llámense Raul Castro, Nicolás Maduro, Evo Morales, Daniel Ortega o Rafael Correa.

No necesitan ni merecen nuestros pueblos esa triada fatídica, agobiante y opresora integrada por los hermanos Castro, la izquierda de America Latina y el espectro de los bolcheviques rusos.

Por las reconditeces de América Latina, desde el río Bravo hasta el Cabo de los Hornos, desde  los cálidos bosques húmedos hasta las frías regiones limítrofes con los polos, expresándose en trescientas lenguas, quinientos millones de latinoamericanos, transitan  con sus penurias, congojas, alegrías, realizaciones y esperanzas, trémulos por el fardo de la fatídica premonición que los acecha, la expansión comunista en toda Latinoamérica y se conculquen, consiguientemente, sus libertades.

No necesita nuestra gente nutrirse de la papilla ideológica engañosa y opresiva de los bolcheviques rusos y sus amañados corifeos locales. La nuestra es una raza rebelde, vibrante e infinita en orgullo, renuente a subordinarse a grupos y doctrinas foráneas. Son los descendientes de europeos, de chibchas y mayas, de los negros africanos  y mulatos, los mestizos, los amerindios, los mapuches, los quechuas, los híbridos de una estirpe humana marcados por la geografía, la historia, la política y la cultura, que les confiere una identidad legitima y el derecho a realizarse en la historia con el mayor respeto a sus orígenes, y afirmándose en sus propios valores.

Sería un crimen de lesa libertad el imponerle a los pueblos de America Latina el destino cruel impuesto por la dictadura castrista al valeroso pueblo cubano. Cuba aún padece la gélida noche de los cuchillos largos, desencadenada implacablemente por Fidel Castro desde 1959.

Contrariamente a lo que deliran los izquierdistas, los cubanos no celebran la Revolución de Fidel Castro esparciendo al aire toneladas de serpentinas y confetis sino con la estampida rauda hacia Mami, cuando pueden o lo permite el capricho maquiavélico de los detentadores del poder.

Parias en su propia tierra, los cubanos celebraron jubilosamente el advenimiento de Fidel Castro al poder. Confiaron en que la Revolución era el augurio de una nueva época que los pondría en la ruta de su verdadero destino. Pronto se hizo evidente que la tan cacareada revolución socialista era la antítesis de la libertad. La historia de la Revolución se convirtió en sinónimo de represión, encarcelamientos y asesinatos. La condición de los cubanos degradó a un estado de marginación, privación de función social, carencia de sentido y alienación de  la condición humana. La fantasiosa promesa comunista de emancipación e igualdad social devino plétora de negaciones de las oportunidades mínimas de vida, ruptura violenta de las tradiciones democráticas nacionalistas y liberadoras, y destrucción de los valores morales, cívicos, familiares, religiosos y socioculturales.

Los cubanos dejaron de ser partícipes y protagonistas de su propia historia. Sus vidas fueron consideradas un material meta histórico. Fueron relegados a un segundo plano por la entelequia de Partido Comunista, "rector y guía de la sociedad". Ernesto Che Guevara, una de las figuras prominentes del movimiento comunista cubano, latinoamericano y mundial, proclamó a bombo y platillo la consigna de la creación del Hombre Nuevo, lo que en rigor implicó una condena axiológica implacable sobre la ineptitud y mediocridad del pueblo cubano, considerándolo muy por debajo de los "sublimes, enaltecidos y enaltecedores valores" que supuestamente caracterizan al genuino revolucionario comunista, y de ahí la necesidad apremiante de crear un hombre nuevo, a la altura de las exigencias de los estándares comunistas.

Durante más de medio siglo, los cubanos han sido relegados por la yuxtaposición teórica entre "las masas", "el proletariado", por un lado,  y la minoría selecta y "de vanguardia" de los dirigentes del Partido Comunista, por el otro. El pueblo no cuenta, lo que importa es el Partido.

La cándida esperanza de un tiempo mejor que hipotéticamente se inauguraría con el triunfo de Fidel Castro pronto se transformó en una experiencia opresiva, angustiosa, paralizante y demoledora.

Al igual que ocurre actualmente en Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador, los cubanos que apoyaron el ideal socialista se convirtieron en cómplices de una estafa fraguada en contra de ellos mismos.

Paradójicamente, y a pesar de los cantos de sirena de los comunistas, el axioma leninista de que la práctica es el criterio de la verdad, a la postre se encarga de desenmascararlos. El dogma de la fe comunista en la construcción de una sociedad superior a la capitalista-basado en las elucubraciones de Carlos Marx en torno a  un principio rector inteligible de la progresión en espiral, ascendente y progresiva de la Historia, que culminaría en el comunismo, y en el que se materializarían las mejoras y beneficios superiores para la sociedad, y en particular para los segmentos marginados de la población, el descalabro de las revoluciones comunistas, en todos los periodos y en todas partes, demuestra fehacientemente que en lugar de la cristalización de un sueño ancestral, los pueblos bajo la férula de las  dictaduras comunistas en realidad experimentan la zozobra de una cruel pesadilla donde exclusivamente proliferan los abusos, las persecuciones y la violación de todos los derechos del Hombre.

Los pueblos de America Latina deben estar alertas ante las maniobras de la izquierda de Latinoamérica, en particular ante la incitación y exhortación a abrazar el mito de la Revolución cubana y hacerlo propio, lo cual la convierte en cómplice de la confabulación, de la operación de control comunista continental urdida en La Habana.

Latinoamérica debe ser fiel a sus raíces, idiosincrasia y valores, y no traicionarse a sí misma convirtiéndose en una aldea obsecuente, obediente, rendida y sumisa que danza al compás del ritmo comunista orquestado en La Habana.

Comentarios

Bienvenidas Sus Majestades (se agradece la propina)
[17-11-2019]
Martín Guevara Duarte
Escritor
El Rey de España Felipe VI y Díaz-Canel en un encuentro durante la visita a La Habana. Foto: Estudios Revolución.   (www.miscelaneasdecuba.net).- Cuba se engalana hoy para festejar los 500 años de la mudanza y el establecimiento en la zona norte, al lado del río Almendares, de la  Villa de San Cristóbal de La Habana fundada en 1515. 
Pánfilo el reincidente
[13-11-2019]
Alejandro Tur Valladares
Jagua Press
El famoso Pánfilo se ha ganada un espacio contando la realidad de manera jocosa. Foto de archivo.   (www.miscelaneasdecuba.net).- Apareció un día cualquiera, viajaba en la memoria Flas de un amigo, quien sin acordarlo con él, de forma espontanea, se había constituido en su promotor. Doble clic sobre el archivo de vídeo y allí estaba, con los ojos fuera de órbita y la boca abierta gritando a todo pulmón: “Jama, aquí lo que hace falta es jama”.
El pulseo político por Latinoamérica
[11-11-2019]
Alejandro Tur Valladares
Jagua Press
Latinámerica. Foto de archivo.   (www.miscelaneasdecuba.net).- El pulseo político en Latinoamérica entre las democracias y los regímenes totalitarios no es nuevo. Sin embargo, tras el surgimiento del chavismo en Venezuela tutorado por la vieja escuela castrista y de su festinada proclama, anunciando que buscarían implantar en la región el llamado Socialismo del Siglo XXI, los dimes y diretes entre los bloques ideológicos se han venido agudizando.
Los 500 años de La Habana: No hay nada que celebrar
[09-11-2019]
Lcdo. Sergio Ramos
La catedral de La Habana. Foto de archivo.   (www.miscelaneasdecuba.net).- San Juan, Puerto Rico a 9 de noviembre de 2019. Se conmemoran los 500 años de la fundación de la ciudad de San Cristóbal de La Habana.  Hace cinco siglos, entonces el gobernador de Cuba, Diego Velázquez, trasladó la ciudad del sur de la isla, en las inmediaciones del rio Mayabeque, a la costa norte en las inmediaciones de la bahía que lleva su nombre, el 16 de noviembre de 1519. La Habana sustituyó como capital de Cuba a Santiago de Cuba, el 14 de febrero de 1553.
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