Los jinetes del apocalipsis de América Latina: Castro, Maduro, Ortega, Evo Morales y Correa

Gualdo Hidalgo
Latin News
Foto: eldia.com.bo
(www.miscelaneasdecuba.net).-  En el principio fue el Caos, personificado en la transmutación de Lenin en la deidad primordial del marxismo durante la conflagración de la Revolución rusa de 1917. La dictadura bolchevique decretó el fin de la Historia. El Reino de los Cielos proclamado por el Hijo de Dios, y el sueño ancilar del Paraíso restaurado, tras la expulsión promulgada por Dios, fue reemplazado por un  reinado de terror, ofrendado al pueblo ruso por la edulcorante propaganda del Partido como la realización culminante del Paraíso en la Tierra.

Franqueando frenéticamente la tundra rusa, con el crujir lacerante de cascos que resquebrajan los huesos y la carne de sus víctimas, la Bestia del Apocalipsis arriba triunfalmente a La Habana en enero de 1959. En apoteosis de vítores y clamoreo de consignas revolucionarias, cuyos ecos ensordecedores  retumban en calles y plazas, un pueblo incauto festeja la iniciación de su exterminio, persecución y encarcelamiento.

Privados  del derecho a visitar otros países, y en triste remedo de los rusos, los cubanos emprendieron un angustioso viaje de más de medio siglo hacia el ultraje, la ruindad, el hambre y el envilecimiento: hacia los paredones de fusilamiento,  las cárceles y las celdas de interrogatorios  de la Seguridad el Estado y las estaciones de policía.

El fantasma del comunismo comenzó a recorrer América Latina.

Con trote desbocado y desafiante, los jinetes del Apocalipsis latinoamericano -Castro, Maduro, Ortega, Evo Morales y Correa-, con el ímpetu de una devoción irrefrenable, se consagran a la misión apostólica de convertir a los países del área a la aterradora dictadura comunista cubana, asumiendo y multiplicándose en la profana trinidad: como demonios, anticristos y falsos profetas.

Como demonios, reclaman para sí mismos el que se les rinda la pleitesía debida a los dioses socialistas; como anticristos, suplantan al Hijo de Dios y fingen ser los nuevos Redentores; y como falsos profetas afirman ser la encarnación del espíritu salvador y sacrosanto del Marxismo.

Esta trinidad ha logrado extender su control y poder en America  Latina mediante embustes, fraudes  y artimañas.

El marxismo y el nazismo constituyen las dos grandes  doctrinas apocalípticas del siglo XX.


Foto: elmostrador.cl

Al igual que Lenin en 1917 y Castro en 1959, Hitler destruyó el régimen democrático de la República de Weimar, reemplazándolo por el Tercer Reich, privando a los alemanes de los más elementales derechos cívicos y constitucionales y asumiendo el poder absoluto en Alemania: Presidente del Reich (director del estado), Canciller del Reich (director del gobierno), y Fuehrer (director del partido nazi). Estos tres representantes del Apocalipsis (Lenin, Hitler y Castro) constituyen el símbolo de un poder despótico regido por el principio de que "el Estado y la Patria Soy Yo".

Movidos por la creencia de que sus regímenes constituían el estadio superior y último de la Historia y que gobernarían infinitamente en el tiempo, comunistas y nazistas se enfrascaron en el aniquilamiento feroz de los "representantes del mal": Para los comunistas, los capitalistas; para los nazis, los judíos. Para justificar y hacer más digeribles sus erráticas políticas recurrieron al uso y tergiversación del pasado. Castro lo hizo de la manera más burda imaginable expresando acerca de los heroicos mambises: "Ellos, hoy, hubieran sido como nosotros; nosotros, ayer, hubiéramos sido como ellos". Y a José Martí lo convirtió en cómplice,  miembro del Movimiento 26, y uno de los atacantes del cuartel Moncada: "El también participó".

Paradójicamente, Hitler justificó sus monstruosos crímenes -incluido el Holocausto-  amparándose en la tradición de la fe cristiana del pueblo alemán. En el libro "Sobre los judíos y sus mentiras" escrito por el eminente teólogo alemán Martin Lutero -fallecido cuatro siglos antes del nazismo-, Lutero llama a los judíos "gusanos venenosos" - término que nos hace recordar los "gusanos" de Castro y los "insectos" de Lenin-, y exhorta a expulsarlos de Alemania u obligarlos a trabajos forzosos, quemar sus libros de oración, sus casas, sus sinagogas, sus escuelas, quitarles el dinero y sus propiedades; y lo que no pueda destruirse por el fuego, taparlo con basura para que absolutamente nadie pueda jamás volver a ver piedra o cenizas de los judíos.

Aprovechándose de esa secular tradición antisemítica, Hitler ordenó los pogromos de La Noche de los Cristales Rotos  donde fueron asesinados decenas de judíos y alrededor de 30 000 fueron conducidos a los campos de concentración;  las casas, sinagogas, escuelas y hospitales de los judíos fueron destruidos. Las calles de Alemania amanecieron cubiertas de los vidrios rotos de las casas, comercios y demás edificaciones judías.

De modo similar, el régimen castrista se ha caracterizado por sus atrocidades: fusilamientos y arrestos arbitrarios, sin procesos judiciales o carentes de las garantías procesales mínimas; tortura físicas y mentales; persecuciones y despidos laborales por motivos religiosos y políticos; amenazas, coerciones y chantajes de todo tipo. El rigor de la represión castrista ha traspasado el límite del ridículo y el absurdo, como el condenar por intento de salida ilegal a un borracho metido en el mar sobre su caballo; o aquel que al probar un sándwich en un cafetería expresó que estaba malo, y fue  sancionado por propaganda enemiga: el bocadito era "un producto de la Revolución"; o quien le contó a la esposa indiscreta que durante la noche había soñado con gente corriendo en la Plaza de la Revolución, y fue condenado por planes de asesinato al Comandante en Jefe.

El aniquilamiento brutal de personas inocentes, los encarcelamientos masivos, las represiones, agresiones y golpeaduras - como los que se efectúan actualmente en Cuba contra las Damas de Blanco y demás disidentes- demuestran la ruindad y esencia criminal del mesianismo comunista y sus regímenes dictatoriales.

Las doctrinas apocalípticas del marxismo y el nazismo comparten el carácter "científico" de ambas pero en la práctica se exteriorizan en un tétrico Hitler midiendo cráneos humanos con precisión milimétrica para probar la superioridad de los arios, y la idiotez ridícula de la Moringa de Fidel Castro como soporte de la agonizante economía cubana.

Curiosamente,  Carlos Marx, un ateo declarado, al extremo de expresar en  Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel que "la religión es el opio de los pueblos", construye su visión de la Historia sobre el trasfondo del judaísmo, la Iglesia católica apostólica romana y bajo la influencia, quizás inconsciente, de textos bíblicos.

La división de la Historia en cuatro grandes periodos, el último de los cuales es el capitalismo, tras del cual supuestamente se inicia la esplendorosa edad dorada del comunismo, constituye la versión marxista de la exégesis de la iglesia católica. Un destacado hegeliano de izquierda, Marx no escapa a la influencia de Hegel ni a la tradición alemana de dividir la Historia en cuatro grandes fases, establecida por Thomas Muenzter, inspirado en El Libro de Daniel. De modo que la teoría marxista de la Historia ex una extrapolación basada en la tradición apocalíptica judía.

La diferencia esencial del marxismo con las creencias prevalecientes en la época medieval - cuando proliferaban las fantasías apocalípticas y la espera del Juicio Final de Dios, efectuado en la Tierra con el retorno de Cristo, y tras el cual, trascendiendo la Historia y el tiempo, todo ocurriría en la esfera celestial, en el Paraíso o el Infierno -, para los comunistas, el Juicio Final ocurre en la Tierra, bajo la férrea dictadura del proletariado, con encarcelamientos y fusilamientos masivos en Juicios Sumarios, con el Primer Secretario del Partido transformado en el Dios venerado.

Durante la implantación del supuesto Paraíso terrenal comunista se procede a la identificación de los malos y los buenos, una tarea purificadora que en Cuba se le encomienda al Comité de Defensa de la Revolución (CDR), la policía y  a la Seguridad del Estado. Una caterva aberrante de chivatos y delatores, guatacas, incondicionales, arribistas, farsantes, torturadores y criminales es exaltada al rango superior de los elegidos, "los revolucionarios"- "el eslabón más alto que puede alcanzar la especie humana", según el Che Guevara.

Los Jinetes del Apocalipsis en América Latina -Castro, Maduro, Ortega, Correa, Evo Morales- añoran realizar en todos los países del área el modelo de la Revolución cubana, la fábula de una exitosa revolución que un astuto Fidel Castro les ha trapicheado. Castro, el revolucionario que nunca existió, en realidad ha sido, durante toda su vida, un traficante de embustes, patrañas y quimeras. Para la consumación exitosa de su comercio de mentiras, se ha aprovechado de la incomunicación, inaccesibilidad  e aislamiento absolutos en que mantiene a la aldea medieval llamada Cuba.

Es apremiante que los admiradores de la "heroica" Revolución socialista de Castro, "desafiante ante el Imperio", despierten de su pernicioso letargo. En realidad, el régimen castrista se ha desenmascarado de una supuesta heroicidad pretérita para convertirse en una Revolución mendicante que implora las migajas de Estados Unidos, y que se sostiene con los dólares de los "gusanos" afortunados que lograron escapar del Infierno comunista de la isla, y que engañosamente es preconizado como el Paraíso en la Tierra por los Jinetes del Apocalipsis latinoamericano.

 

 NOTA ACLARATORIA: En aras de no asumir una actitud irreverente, y careciendo de evidencias para contradecir a las autoridades venezolanas, me he abstenido de incluir al extinto comandante Hugo Chávez entre los Jinetes del Apocalipsis en América Latina.

El senador Miguel Abdón Saguier, presidente del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) de Paraguay,  ha descrito el régimen de Venezuela como un "socialismo espiritista, el socialismo esotérico que invoca a los espíritus y aparecen los pajaritos", en referencia al repetido testimonio oficial y publico de Nicolás Maduro acerca de sus encuentros con Hugo Chávez reencarnado como Pajarito. El gobernante informó de la aparición de un pajarito por primera vez el pasado 2 de abril, en el inicio de la campaña electoral para los comicios del 14 de abril, cuando en una visita al estado suroccidental de Barinas, relató que se encontró con un "pajarito chiquitico" con el que compartió silbidos y que le hizo recordar a Chávez: "Yo sentí el espíritu de Chávez y lo sentí ahí como dándonos una bendición, y diciéndonos: hoy arranca la campaña; vayan a la victoria", dijo en esa oportunidad.

En otra ocasión, el presidente Nicolás Maduro afirmó que el fallecido gobernante Hugo Chávez se le apareció nuevamente en forma de pajarito tras la primera aparición que tuvo en abril: "Mira, mira...me está buscando el pajarito. Mira, pasó por aquí. Después dicen que yo invento; y pasó cantando. Ese pajarito está feliz porque yo estoy trabajando", dijo Maduro durante un acto en el estado suroccidental de Mérida.

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Francisco Blanco Sanabria
Periodista independiente
    (www.miscelaneasdecuba.net).- Un fantasma y una historía de horror vuelven a recorrer el mapa politico, cultural e ideológico de la mayor de las Antillas: salen de sus tumbas y féretros, una nueva legión de zombies/talibanes, con su conde Drácula; recorren todos los rincones del archipiélago, para repetir con sus orgías, las memorias draconianas de hace más de cincuenta años, - en aquel virtual 1968.- de una gran tragedia cultural que socavó los cimientos la cultura comunitaria y a las élites de los artistas e intelectuales criollos.
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