El enemigo que nunca pude vencer

Ramón Díaz
Periodista Independiente

 

(www.miscelaneasdecuba.net).- Habana Vieja-. Como las voluntades cometen el error de creer que conocen a cuanta alma les rodea, esa es la torpeza. Para conocer a las demás personas hay que iniciarse en el conocimiento de sí mismo. Pero conocerse a sí mismo conlleva toda la vida y casi nunca el tiempo le alcanza a los mediocres. Sí, porque de eso es que está hecho nuestro mundo: de mediocres. No estoy diciendo que las personas sean buenas o malas; nunca he perdido mi tiempo en algo que, para las grandes mentes, carece de importancia. 

Estoy hablando de mediocridad. Mi mayor secreto, algo que nadie sabe, es haber intentado cada día de mi vida conocerme. Y si creo que algo he logrado es porque soy un sujeto especial. No por gusto SOY quien SOY. En realidad soy un grande hombre. Estoy por encima de la media. Observo a las personas que me rodean como insectos. Sólo conozco a un ser humano que merece vivir: yo mismo.

Las gentes te juzgan y califican por las apariencias; nada más lejos de la verdad. Yo puedo tener mucho poder, los demás pueden sentirlo, pero no saben juzgarme y creen que soy un déspota, un asesino, un mal nacido. Nada, repito, más lejos de la verdad. ¿Unas cuantas gotas de sangre me convierten en asesino? De ningún modo. ¿Unas cuantas mentiras me convierten en mentiroso? De ningún modo. “En silencio ha tenido que ser porque hay cosas que para realizarse han de andar ocultas”.

Reconozco que al principio tuve que omitir, no mentir, planes que ya traía. También reconozco que he tenido que ser un gran hijo de puta. ¿Pero quién, que tenga la responsabilidad del poder no tiene que ser, necesariamente, un gran hijo de puta? Hasta el más noble y estúpido de los seres, cuando detenta la enormidad de un poder forzosamente tiene que convertirse en un  gran hijo de puta. Y esa es la cuestión. Nadie me conoce. Todos me observan y creen que soy un gran hijo de puta, un mentiroso, un asesino, un traidor de los compañeros que han sido, y esa no es la verdadera verdad, o por lo menos toda la verdad.

Lo que menos me preocupa a mí es que las gentes me juzguen como un Dictador. Lo que sí me preocupa es que los demás descubran cuál es mi defecto. Durante más de medio siglo he logrado ocultarlo hasta el día de hoy que, como la limosna cognoscitiva les entregaré ¡miserable humanidad! Y si hoy he decidido ofrecer esta limosna es para burlarme de todos ustedes, mediocres seres que durante tantos años han vivido bajo la suelas de mis botas.

Pero no se apresuren en conocer lo que siempre oculté. Aun me quedan unos  meses. Así que permítanme decirles unas cuantas verdades antes de irme de este mundo.

Si nunca os he amado, es porque el amor no existe. Lo que existe es el apego a la vida y la búsqueda del placer. Lo único que realmente importa es uno mismo. Al final nadie te agradece nada y en el fondo, aunque vivimos juntos, nadie llega a conocer al otro, y todos somos enemigos los unos contra los otros. Yo no soy escritor, por eso escribo así, tan directo. Lo único que sí aprendí fue a dar órdenes. Reconozco que algunos libros me divierten y esos escritores tal vez tengan alguna consideración. Pero para el resto de los escritores, esos que rodean el asunto y no van al grano, mi desprecio.

También mi desprecio para esa comparsa de hombres y mujeres de poder, diplomáticos hipócritas, y gentes de poder que se autocalifican de buenas personas. Yo, en cambio, no soy una buena persona. He tenido que ser un hombre siniestro para defenderme de ustedes mismos. Este texto es una muestra de mi sinceridad. Maldito sean todos los seres que han sido, son, y dudo serán.

Me alegra saber que pronto abandonaré el mundo. Un mundo que al principio creí con valores y ahora comprendo que está condenado a su autodestrucción.

Pensaba escribir un tratado de mis pensamientos, pero ustedes no lo merecen; además, os he dicho que el mundo desaparecerá junto no sólo con las personas que lo habitan, sino con todo cuanto se ha escrito; de manera que ningún valor tendría hablar en otro libro más de lo mismo. Así que ahora les diré cuál ha sido mi verdadero defecto. No ha sido el de dictador, asesino, traidor. Ha sido un defecto que casi todos ustedes padecen, pero no lo reconocen. Ese defecto, con el que muchos pueden vivir, para mí ha sido una  cruz.

He meditado sobre mi defecto leyendo y haciéndome informar sobre todo cuanto respira y se mueve entre el cielo y la tierra, y no me comprendo. Es un defecto, en mi opinión, más peor que una pasión, una adicción, una patología.

He luchado contra ese defecto con todo mí poder usando mis fuerzas interiores y exteriores, y a pesar de que soy más que un rey, un emperador, un grande hombre, un ser que ha marcado un hito en la Historia de la Humanidad, no he logrado destruirlo. Y es paradójico que yo haya logrado destruir tantas cosas. Que haya tenido la inteligencia y la perspicacia de destruir todo lo que toco y no haya podido destruir ese defecto; lo cual me demuestra que ese defecto es lo único en este mundo que tiene más poder que yo. Y me pregunto ¿cómo un defecto puede tener tanto poder al extremo de superarme? Parece que me iré de este mundo sin comprender lo único que me faltaba por comprender, pues en materia de comprensión lo he comprendido casi todo.

De modo que mis últimas palabras son: te envidio, defecto.

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