El infame muro fue derribado hace 30 años 

Carlos Alberto Montaner
Escritor, periodista y político
 
 
(www.miscelaneasdecuba.net).- El 9 de noviembre de 1989 comenzó el derribo del Muro de Berlín y la desaparición del comunismo en Europa. Hace 30 años de ese extraordinario episodio. La libertad era eso: poder luchar por un mejor destino sin un Estado que decidiera en nuestro lugar, sin un Partido que escogiera nuestras opciones, sin los ojos permanentes de la policía política posados en nuestra nuca. Si Gorbachov recurre a la violencia el comunismo seguiría imperando en la URSS y en el Este de Europa. Gorbachov no era un hombre sanguinario. Era comunista y patriota, pero no asesino. Gorbachov quería transformar a Rusia en una nación realmente desarrollada, próspera y libre, pero sin propiedad privada de los medios de producción, regida por un sistema planificado, de acuerdo con el proyecto colectivista marxista. “¿Por qué fracasó Gorbachov?”. ” Porque el comunismo no se adapta a la naturaleza humana”. A 30 años de su desaparición europea, el colectivismo, entreverado con el narcotráfico, regresa por sus fueros y asoma su oreja peluda en algunos países de América Latina. Ya no se trata de crear el paraíso en la tierra, sino el infierno. No prevalecerá. Tampoco se adapta a la naturaleza humana.

El 9 de noviembre de 1989 comenzó el derribo del Muro de Berlín y la desaparición del comunismo en Europa. Hace 30 años de ese extraordinario episodio. Lo recuerdo como los días más felices de mi vida.

Es imborrable la imagen de esos jóvenes jubilosos pulverizando a golpes de mandarria la pared que les impedía acceder a un futuro luminoso labrado con su propio esfuerzo. La libertad era eso: poder luchar por un mejor destino sin un Estado que decidiera en nuestro lugar, sin un Partido que escogiera nuestras opciones, sin los ojos permanentes de la policía política posados en nuestra nuca.

¿Qué hubiera pasado si Gorbachov invoca la “Doctrina Brezhnev” y lanza los tanques del “Pacto de Varsovia” sobre los manifestantes y asesina a 10,000 berlineses? Nada. No hubiera pasado nada. Fue lo que hicieron los camaradas reformistas chinos ese mismo año de 1989 en Tiananmen. Mataron a millares de disidentes y “la primavera china” se secó inmediatamente. Si Gorbachov recurre a la violencia el comunismo seguiría imperando en la URSS y en el Este de Europa.

¿Por qué Gorbachov no lo hizo? En primer lugar, por razones psicológicas. Gorbachov no era un hombre sanguinario. Me contó su principal ideólogo, Alexander Yakovlev, que ellos rechazaban la violencia. Eran comunistas y patriotas, pero no asesinos. Además, pensaban que había que “liberar a Rusia del peso de la URSS” y eso se podía hacer sin coacciones ni represalias.

Sólo el costo de mantener a flote el satélite cubano le había significado a la tesorería moscovita más de 60,000 millones de rublos a lo largo de los años, sin contar los equipos militares, la misma cifra que tenían de déficit el año en que fue disuelta la URSS. Y encima, Fidel Castro, además de lo que le costaba a la Unión Soviética, no cesaba de conquistar países absolutamente improductivos que colgaba insensiblemente del presupuesto de Moscú: Nicaragua, Angola y Etiopía, mientras intrigaba contra la “perestroika” y el “glasnost” y aplaudía la presencia militar soviética en Afganistán. Aquello era intolerable.

Gorbachov quería transformar a Rusia en una nación realmente desarrollada, próspera y libre, pero sin propiedad privada de los medios de producción, regida por un sistema planificado, de acuerdo con el proyecto colectivista marxista.

Abandonaba, eso sí, el leninismo, por todo lo que tenía de represor, olvidando que Marx había propuesto “la dictadura del proletariado”. De alguna manera, Lenin, y luego su discípulo Stalin, se habían limitado a crear la metodología para implementar ese tipo de dictadura preconizada por el filósofo alemán.

“¿Por qué fracasó Gorbachov?” le pregunté a Yakovlev, lo que también lo incluía a él en el desastroso fin de la perestroika. Se quedó pensando unos instantes mientras miraba a la ventana. Golpeó con su pipa la pata de palo que le había quedado como muestra de su condición de héroe de la Segunda Guerra mundial y, finalmente, me dijo con un dejo melancólico: “porque el comunismo no se adapta a la naturaleza humana”.

Era cierto. Por eso había fracasado en todas las latitudes –germanos, latinos, cristianos de diversas denominaciones, musulmanes, asiáticos–  y con todo tipo de líderes: educados, agraristas, proletarios, locos y cuerdos, precavidos y aventureros. No había excepciones.

En cambio, la superioridad del modelo occidental, la democracia liberal, era evidente. ¿Por qué? Exactamente por lo contrario: era una expresión de la naturaleza humana. La democracia liberal había parido a Corea del Sur. El colectivismo y la planificación, a Corea del Norte.

La democracia liberal admitía la diversa variedad de las personas, lo que entrañaba hábitos, conductas y resultados diferentes, rasgos que provocaban una inevitable estratificación social. Aceptaba el mercado y rechazaba el mundillo concebido por los planificadores. Lejos de rechazar y perseguir a los emprendedores, los aplaudía y encumbraba, porque la mejoría constante del entorno se debía a la competencia, aunque se sabía sin la menor duda, a partir de Joseph Schumpeter, que el mercado se alimentaba de los cadáveres de los más ineficientes.

A 30 años de su desaparición europea, el colectivismo, entreverado con el narcotráfico, regresa por sus fueros y asoma su oreja peluda en algunos países de América Latina. Ya no se trata de crear el paraíso en la tierra, sino el infierno. No prevalecerá. Tampoco se adapta a la naturaleza humana.

Comentarios

Martí no es culpable
[10-01-2020]
Lcdo. Sergio Ramos
  (www.miscelaneasdecuba.net).- Recuerdo allá para la década de los ’90, estando en una reunión de compatriotas exiliados que nos visitaron unos balseros recién llegados a Puerto Rico en busca de la libertad que la dictadura castrista le niega a todo el pueblo cubano. Como es natural surgió la conversación sobre Cuba y alguien de los exiliados allí reunidos citó una frase de José Martí y para sorpresa de todos, un joven balsero recién llegado expresó exaltado y para sorpresa de todos: “pero ese es un comunista”. A lo que de inmediato los interlocutores exiliados trataron de corregirle su errada apreciación. Tras la discusión, el dueño de la casa donde nos reuníamos buscó un tomo de las Obras Completas de Martí y le leyó las críticas que el Apóstol hizo al comunismo publicadas en junio de 1882 en la Opinión Nacional, comentando la obra de Herbert Spencer titulada “La Futura Esclavitud”.
Ajusticiando a Soleimani y la dictadura islámica iraní
[10-01-2020]
Julio M Shiling
Escritor y politólogo
Foto: cortesía del autor.   (www.miscelaneasdecuba.net).- Ajusticiando a Soleimani y la dictadura islámica iraní. ¿Quién criticaría hoy la acción de haber sacado a Hitler, Pol Pot o Mao de circulación antes de la ejecución de sus reinos de terror? La libertad tiene un precio y requiere voluntad para defenderla. Es hora de que se vea la importancia de utilizar medidas preventivas para evitar males mayores después. La idea de ajusticiar a asesinos en posiciones políticas claves es meritoria, justa y beneficiosa.
Actualizan la lista de prisioneros de conciencia en Cuba
[05-01-2020]
Cuban Prisoners Defenders
CPD
  (www.miscelaneasdecuba.net).- Los nuevos presos políticos son: Eliécer Hernández González (Fundación Vueltabajo por Cuba), Lázaro Rodríguez Betancourt (músico contestatario represaliado por el Decreto 349, liberado en septiembre para fabricarle otro delito y así eludir la presión de la Unión Europea) y Wilson Quintero Cabrera (UNPACU).
Una canción contra las guerras
[30-12-2019]
Carlos Alberto Montaner
Escritor, periodista y político
  (www.miscelaneasdecuba.net).- La música mueve los corazones mágicamente. Este artículo es un homenaje a una canción, Noche de paz, que lo demuestra. Si el lector no me cree le ruego que busque la anécdota en Snopes.com. En esta época de “fake news” suelo verificar las informaciones en esa página de Internet. Esta semana “Snopes” trae una larga reseña de un libro publicado hace casi 20 años: “Noche de paz: la historia de la paz cristiana durante la primera guerra mundial”.  La obra (entre otros autores) fue investigada y escrita por el historiador Stanley Weintraub, profesor de la Universidad Penn State.
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