Sin campo no hay país, una campaña de estos tiempos

Alejandro Tur Valladares
Jagua Press
Foto: The Foundation for Human Rights in Cuba. 
 
(www.miscelaneasdecuba.net).- Aunque la crisis alimentaria que afecta a Cuba actualmente dejaba ver su influjo desde antes de que se declarara el brote global del Covid 19, es evidente que en la actualidad sus diversas manifestaciones se han agudizado, preocupando a todos los sectores de la sociedad, que temen, que lo que hoy se presenta como desabastecimientos cíclicos de muchos alimentos, se transmute en hambruna.

Tal vez por ello organizaciones de la sociedad civil independiente cubana han decidido tomar cartas en el asunto y promover un proyecto que, bajo el título, “Sin campo no hay país,” busca generar conciencia entre el campesinado insular para que ejerza presión sobre los decisores gubernamentales, instándolos a derogar leyes y normativas que cual camisa de fuerza, asfixian al sector agrícola impidiéndole desplegar todo el potencial que posee.

Cinco son las propuestas que han preparado los promotores de la iniciativa; la Federación Latinoamericana de Mujeres Rurales (FLAMUR) y La Liga de Campesinos Independientes (LCI):

Libertad para la producción y distribución de nuestros productos.
Libertad para fijar los precios de nuestros productos de acuerdo al mercado.
Libertad para importar y exportar directamente, incluso de Estados Unidos, donde está comprobado que sus leyes no lo impiden, por nuestra condición de campesinos independientes.
Eliminar por diez años todos los impuestos a productores y procesadores de alimentos.
Entregar títulos de propiedad permanente a todos los productores agrícolas.

De acuerdo a ambos colectivos, con activar estas propuestas sería suficiente para que la producción agrícola diera un salto trascendental tanto en lo cualitativo como en lo cuantitativo.

En aras de conocer cómo valoran los destinatarios la iniciativa visitamos varias zonas rurales y entrevistamos a trabajadores agrícolas que operan bajo la sombrilla de una de las cuatro modalidades de producción agrícola que conviven en estos momentos; las Cooperativa de créditos y servicios (CCS), las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA), las Granjas Estatales y las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC).

Cómo acogen los campesinos la propuesta

David Cordero Marrero es asociado de “El perico” la Cooperativa de Créditos y Servicios de su localidad, perteneciente al poblado de Guaos, en la provincia de Cienfuegos. Al preguntarle qué le parecen estos cinco puntos nos dijo:

“Están muy bien concebidos, se nota que quienes lo elaboraron conocen del campo y de los problemas que enfrentamos los campesinos. Siempre he defendido la idea que a los guajiros lo que tienen es que quitarnos la bota de encima y dejar que manejemos las cosas como mejor nos parezca. Nadie mejor que yo para saber lo que más me conviene, en que tiempo sembrar, la cantidad, e incluso el mercado en el que quiero vender mis productos al precio que acuerde directamente con el comprador. Esos 5 puntos se ajustan a lo que estoy planteando”.

“Eso está muy bien, pero eso no lo van a permitir” opina el veguero espirituano Luís Molina, refiriéndose a los funcionarios de la Cooperativa a la que está vinculado, pues consideran que es su trabajo el que paga esos salarios y si le permitieran comercializar directamente su cosecha, “De que iban a vivir toda esa gente”.

Pedro Álvarez Días es un productor independiente sin vínculo directo con algunas de las formas de producción asociadas al estado. Preguntado sobre la campaña dijo:

“El tema de la propiedad de la tierra es muy importante. Una vez que sabes que eres el dueño real de tu pedazo de tierra y que nadie puede meterse en lo que hagas, te sientes más confiado y le hechas dinero arriba para mejorar las condiciones, todos los ahorros los pones en función de mejorar las condiciones para el trabajo. Compras alambre para cercar, una buena turbina, haces tú pozo, unas buenas naves, y todas las herramientas que puedas. No importa el esfuerzo y sacrificio que hagas, al final toda la ganancia que logres a partir de lo invertido queda para uno, y mira mi hermano, el campo si da”.

Ernesto Aguirre Alemán es un apicultor residente en el municipio de Rodas que ejerce el oficio desde que era un niño, aprendió el oficio del padre junto a las márgenes del rio Jabacoa y se encuentra enseñándoselo a Miguel Alejandro, su vástago de 14 años de edad.

“Cuando el viejo empezó este trabajo aún no había triunfado la revolución y él me cuenta que los colmeneros tenían la posibilidad de vender la miel a quien quisieran, incluso había compañías norteamericanas que la compraban al por mayor. También tenía la posibilidad de encargar lo que necesitara en almacenes en Cuba, incluso de no encontrarlo, en el Norte. Las centrífugas, los ahumadores, los cepillos, en fin, todo. Así que me parece muy bien esa propuesta. Ojalá eso de lo que me has hablado sea aprobado”.

“Claro que me gustaría poder vender mis reces fuera de Cuba, pero eso no lo veo muy claro, me parece que no es posible. Para ello no basta con que cambien las leyes, se necesita dinero, contactos, transporte, saber cómo funciona. Además, pienso que vender en un mercado fuera de Cuba le puede ser posible a quien posea un lote grande de vacas, no sé, de mil en adelante y eso muy pocos lo tienen, la mayoría de los ganaderos son como yo que solo tenemos unas diez o veinte”, comenta Osmani Álvarez, residente en el poblado Pepito Tey.

La paradoja

Aunque todos dijeron estar de acuerdo con los pedidos que enmarca el proyecto y recalcaron el deseo de que prosperara, Solo uno, con un pasado de militancia en un grupo de oposición se mostró abierto a contribuir con la difusión del proyecto. Una vez que supieron que las organizaciones que la promovían poseen un carácter autónomo y trabajan sin un reconocimiento formal por parte del gobierno, se mostraron evasivos al responder si apoyarían personalmente la iniciativa promocionándola ante sus compañeros.

Otro de los hallazgos con que nos topamos durante la preparación de este reportaje fue que ninguno de los entrevistados conocía del inicio de la campaña.

Esto plantea un reto para los promotores de “Sin campo no hay País”. Deberán desplegar una campaña informativa inteligente y agresiva, que resulte efectiva para llegar a la mayor cantidad posible de campesinos y para que estos hagan suya la cruzada.

Ernesto Menéndez, campesino residente en el municipio Palmira considera que quizás la clave para superar la prueba se encuentre en una iniciativa que precedió a la actual, diseñada por el Movimiento Cristiano Liberación (MCL) y que se conoció como Dialogo Nacional.

“Esta campaña me recuerda - dice Menéndez -  otra en la que participé hace algunos años. No se me olvida que creamos un círculo de estudio para debatir un documento que estaba dividido por partes. Cada una hablaba de como ordenar el país una vez llegara el cambio. Recuerdo que se enseñaba qué medidas se podían tomar para mejorar el sector agrícola”.

El documento, en el que participaron cientos de ciudadanos, sirvió de base para los debates que concluirían con un Programa de Transición, recogiendo de alguna manera los puntos que aborda, Sin campo no hay país. De ahí que este nuevo esfuerzo resulte reactivador de un trabajo que parecía olvidado en el tiempo.

El contexto

Tras la llegada al poder de Raúl Castro, la nueva administración dio signos de quererse central en mejorar aspectos administrativos que habían sido abandonados por Fidel Castro, dedicado casi por entero a la persecución de utopías políticas.

De hecho, inicio una redistribución de tierras desde el sector estatal al privado conformado por Cooperativas con cierta autonomía y campesinos, con el propósito de disminuir las importaciones de alimentos que por aquel entonces rondaba los 1500 millones de dólares y que de entonces acá se ha elevado a 2000 millones de acuerdo a criterio de economistas independientes.

Lamentablemente los tecnócratas del Partido Comunista de Cuba siguieron mostrando su recelo con la propiedad privada y la acumulación de la riqueza y se limitaron a entregar las peores tierras, desde el punto de vista del rendimiento productivo e infestadas de marabú, una planta invasora traída de África y que resulta muy difícil de erradicar. 

Las mejores parcelas fueron entregadas a Corporaciones extranjeras, brigadas del Ejercito Juvenil del Trabajo (EJT) perteneciente a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y de acuerdo a denuncias emitidas por campesinos descontentos, a quien pueda pagar al funcionario adecuado.

Para que se tenga una idea más puntual debemos significar que la superficie cultivable de la isla es de 3.5 millones de hectáreas, de ellas el 32.5 % se encuentra en manos de cooperativas y campesinos privados, quienes producen algo más del 80% de la producción agrícola del país. El 50 % de las tierras útiles continúan ociosa.

“Al iniciarse la campaña gubernamental de entrega de tierras muchos campesinos que habían abandonado la campiña y se encontraban residiendo en la ciudad, fueron contagiados por las expectativas que se generaron y decidieron regresar a sus viejos oficios”, nos cuenta Raúl Gonzáles, labrador que reside en el municipio montañoso Cumanayagua. 

Sin embargo, muy pronto se dieron cuenta que recuperar las tierras perdidas en aroma y marabú era costoso en esfuerzo y recurso. Esto, acompañado de la falta de herramientas, insumos y créditos insuficientes con altos intereses terminaron por desmotivar a la inmensa mayoría de los incorporados que terminaron entregando las tierras y dedicándose a otros oficios

No obstante, el amor por el campo de los agricultores parece imponerse y de acuerdo a declaraciones recientes dadas por un funcionario del Ministerio de la Agricultura a un medio gubernamental, un total de 12,169 campesinos cubanos permanecen a la espera de la autorización del gobierno para recibir Tierras en Usufructo.

En el momento indicado

Una de las consideraciones que trajo unanimidad en los criterios de los entrevistados, fue que la campaña llegaba en el momento preciso, cuando el gobierno se ve rebasado y muestra signos evidentes de incapacidad para suplir las necesidades alimentarias del pueblo, viéndose forzado a destinar los pocos recursos financieros con que aun cuenta a importar alimentos, y que bajo las premisas que plantea la Campaña serían resueltos.

Aunque en los últimos años han relajado algunas disposiciones francamente draconianas que inmovilizaban la iniciativa privada, ésta aún tiene que operar bajo el arbitrio del estado que sigue imponiendo caprichosamente el tipo de cultivo que debe ser ejecutado o imponiendo políticas de precios que no responden a la realidad del campo ni de los mercados.

Ya antes de la pandemia se venía hablando de sustituir la importación de productos agrícolas por cosechas nacionales, sin embargo, como en anteriores oportunidades, se insistía en desconocer viejas aspiraciones del campesino como las que contempla la campaña, y se seguía apelando al voluntarismo y la invocación de consignas políticas como elementos motivadores.

Nunca antes, con excepción del peor momento del periodo especial, el gobierno cubano se halló en posición más delicada en lo político y en lo económico. Con un gobernante que no da signos de apertura y que se muestra repetitivo en la prescripción de fórmulas fallidas a los problemas actuales, la aparición de Campañas como “Sin campo no hay país” puede convertirse en el prisma que canalice la exigencia campesina y fuerce al gobierno de Díaz Canel a realizar los cambios que necesita el campo cubano.

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