En su natal pueblo de Regla, localidad habanera ubicada al extremo de la bahía, se reunía todos los días 8 de cada mes para pedir en oración por los presos políticos en la parroquia municipal. Activista de derechos humanos, vice presidenta de la ilegal Asociación Hijos de la Virgen de Regla y miembro de FLAMUR, apoyaba toda iniciativa a favor de la libertad y la democracia.
Su detención en diciembre del 2005 conmovió a muchos. Los que la conocen saben que no es peligrosa, en cambio permanece en la Prisión de Mujeres de Occidente más conocida como Manto Negro, sancionada a 4 años de encierro sin derecho a libertad condicional.
El presidio para los cubanos representa la prolongación del sufrimiento humano. Quien conoce a esta mujer sabe de sus valores; en un pase que las autoridades del penal le otorgaron recientemente, pude verla, la salud seriamente resquebrajada, preocupada por las diferentes patologías que se le han presentado.
No tuve que preguntarle; sus ojos como de costumbre hablaron al instante, “que sea lo que dios quiera, no voy a suplicar lo que por derecho me corresponde , si tengo que estar 4 años , estaré allí hasta el último día”, me comentó.
Debo confesar que me quedé sin palabras; no esperaba tal comentario. En lo personal le profeso a esta hermana un profundo respeto y una admiración incalculable. Pienso que su valor, su determinación y el amor a las ideas que tan noblemente defiende me han servido de paradigma.
La mujer cubana es capaz de llegar hasta las últimas consecuencias; lo ha demostrado a lo largo de la historia. El encierro no ha doblegado a esta mujer, su carácter firme y definido, es una de las razones por la que hoy día alguien me dijo que la oposición en Cuba tiene rostro de mujer; y el rostro de María de los Ángeles ha de estar entre los primeros que se dibujen en la portada de la historia.
Muchas han sido las Marianas de este siglo. Quiera dios que la historia de Angelita no se repita en ninguna de las mujeres que hoy defienden sus derechos.
















