Nadie le pide ACOREC –la empresa del gobierno que despoja a los trabajadores cubanos del 96 % del salario que le paga el capitalista extranjero– que le devuelva el dinero extorsionado (24 pesos de cada 25).
Tampoco dicen nada esos mismos trabajadores de Cubalse y otros organismos, que están muy molestos porque, arriba de lo anterior y otros abusos que padecen, el gobierno les impuso un impuesto reciente para esquilmarles la paga que por debajo de la mesa, le pasa el capitalista extranjero como compensación de desagravio a la estafa de los amos comunistas.
Nadie reclama el por qué, a pesar de tener el salario más bajo de América, pagamos más caro el combustible que aquellos que protestan y entre un 240 y un 300 % más caro por los artículos de todo tipo que usamos y el 80 % de los alimentos (salvo una pequeña canastita recurrente para impedir las muertes por inanición).
Y en fin, no se atreven a reclamar la libertad y los cambios que precisan para emerger a la vida. En su lugar aplauden al verdugo, sacuden los grillos cual si fueran alhajas al compás de los cantos de alabanzas; para luego retirarse luctuosos a las miserias de sus hogares. Este es el drama de un pueblo esclavo.
Buró de trabajo de Francisco Chaviano González, Coordinador general ai.












La Habana, 2 de mayo del 2007.- Desfilaron los obreros libres del mundo con todo tipo de reclamo: que bajen el precio de la gasolina quieren unos, que si aumentos de salario reclaman otros y que cuesten menos los alimentos exigen por doquier. En cambio los cubanos que tienen más razones en ese sentido que todos los demás, no reclaman nada.


