Sin embargo sucedió, que hasta estos momentos la incertidumbre incide en su epílogo, y se ignora cuál será su final.
La veta inconstitucional que acarreó este lamentable suceso que recorre la nación hondureña, levantó y levanta protesta lo mismo en el ciudadano común, como en instituciones tanto regionales como a nivel internacional.
Los golpistas donde la máscara militar se hizo presente, alegan razones no muy convincentes, por cierto distantes del aura democrática, que si quiere, y muy a pesar de cualquiera, el menos avezado, no le queda otro remedio que rememorar como si contemplara una película manchada de ignominias.
Rememotar cuando en el Cono Sur principalmente, décadas atrás del pasado Siglo, los golpes de estados constituyeron el sello antidemocrático en algunas naciones de ese territorio, con tristes secuelas que hasta hoy en día no se han podido borrar.
Los alegatos expuestos de los que llevaron a cabo esta acción, flamearán en sus discursos todo lo que tengan a mano para justificar lo injustificable, basándose en cánones ya más que conocidos , como si la razón estuviera de su lado.
Razón que no convence en su totalidad porque se apartaron de leyes y reglamentos, incluidos en una Constitución que todos dicen respetar. Sólo que ahora, o mejor dicho, desde el pasado junio 28 a dicho documento la encerraron en un cuarto oscuro, desolado, que se ignora cuándo volverá a ver la luz de la libertad.
El golpe de estado realizado en Honduras, es un gran error. Su final, la incertidumbre lo corona, que para más se ignora el final de su desenlace.












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