Ambos han manifestado con anterioridad a la reunión que no van a negociar, sino tantear el terreno que cada cual está pisando. Ante este dilema demos marcha atrás a la historia.
El día 28 de Junio, en horas tempranas de la mañana, el Presidente José Manuel Zelaya, fue extraído de su hogar por la fuerza y embarcado en un avión con rumbo a Costa Rica. Está operación fue ejecutada por fuerzas militares, que cumplían órdenes de detención procedentes del Tribunal Supremo hondureño.
La noticia de esta acción, que fue rápidamente definida Como un “Golpe de estado”, corrió prontamente por el mundo, siendo superada únicamente por la del fallecimiento de Michael Jackson, movilizando a todos los Jefes de Estado.
Y muy particular a los de los países pertenecientes al Grupo de Río y ALBA, quienes se reunieron urgentemente, de forma extraordinaria, en Managua, Nicaragua, y no sólo se limitaron a condenar y sancionar el golpe, solidarizandose con el Sr. Zelaya, sino que además acordaron una serie de medidas contra el gobierno “de facto” que iban desde el rompimiento de relaciones diplomáticas hasta el cese de toda ayuda o apoyo.
Seguidamente la OEA, en reunión extraordinaria, por aclamación, extendió su apoyo al Presidente defenestrado y condenó el golpe. A esta posición de la OEA se unió la ONU, la cual igualmente respaldó al Sr. Zelaya.
Enseguida comenzaron las acciones, retiro de los embajadores (excepto el gobierno de Estados Unidos), cese de ayudas y hasta se llegó a plantear, de manera extremista, el uso de la fuerza o de un embargo total contra el Gobierno interino de Honduras, sin calcular las posibles nefastas consecuencias para la población de ese pequeño país y para la estabilidad de la región.
Paralelamente a esto se estaba incubando una campaña mediática en contra de los Estados Unidos, ya que habían gobernantes que acusaban a la administración de ese país de haber tenido conocimiento del golpe y no haberlo informado al gobierno de Honduras.
También de que había cierto complot con los perpetradores del golpe y por último que independientemente a que Estados Unidos también había condenado lo sucedido, su gobierno no pasaba a acciones que probaran verdaderamente su rechazo (o sea, que no se unía a la manada que pedían a gritos que se enarbolara el hacha de la Guerra).
Es mi opinión que Zelaya actúo de forma inteligente. Pudo darse cuenta que la rumba de cajón que se estaba cantando por parte de algunos gobiernos lo perjudicaban más que beneficiaban y por ello se desmarcó algo de sus socios políticos (tal vez aparentemente) y comenzó a insistir en entrevistarse con el Presidente Obama, ya que veía en los Estados Unidos la única fuerza capaz de ayudarlo (o mediar) a resolver su problema.
Y no estaba equivocado. Al final gracias a la gestión de la Secretaria de Estado norteamericano H. Clinton se convenció al Presidente Arias para que mediara en la controversia Zelaya vs. Congreso-Tribunal-Ejército.
Ya se logró lo más difícil; reunir las partes en conflictos. Ahora les toca a ellas poner cada una su cuota de voluntad para solucionar lo que ellas mismas crearon.
En cuanto al Sr. Zelaya, me alegraría que fuera restituido nuevamente como Presidente. Pero de hacerse esto realidad se ha puesto a pensar, ¿cómo va a gobernar hasta enero del 2010 con las principales instituciones de Gobierno en su contra?












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