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La Asociación Sueco-Cubana (ASC), el reducto más fiel del régimen castrista en Escandinavia, ha organizado una gira de cinco semanas por Suecia a dos de mis compatriotas; el guitarrista Diego Cano y la activista Gladis Ayllón. Según el anuncio de la ASC, las raíces musicales del primero provienen del movimiento de trovadores La Nueva Trova, conocido por sus “canciones con mensajes sociales y políticos”. El huésped acompañante viene de una llamada Asociación de Amistad Cuba-Países Nórdicos, organización a su vez sometida a un centro de propaganda regido por el régimen: el Instituto de Amistad con los Pueblos.
Mis hermanos cubanos arriban hoy a Eskilstuna. Esta es una ocasión perfecta para convencerse de que el régimen castrista aprueba y apoya (incluso con viajes a países allende al mar) a trabajadores de la cultura, el “mensaje social y político” de cuyas obras de ninguna manera amenaza al poder totalitario. Por ello, si se le preguntase al trovador Cano sobre violaciones a los derechos humanos en Cuba (partiendo de informes de Amnistía Internacional), o sobre la necesidad de elecciones generales donde el pluripartidismo y la autodeterminación del pueblo se respeten, seguramente respondería con rechazos y negativas.
¿Significa la búsqueda de amistad por parte de Ayllón en los Países Nórdicos, creciente solidaridad con los prisioneros políticos del régimen de Castro (acorde a Amnistía, por lo menos 75 de alrededor de los 350 encarcelados por motivos políticos, son prisioneros de conciencia)? La respuesta es probablemente un rotundo no. (Por si acaso, debemos subrayar que seguramente ni Cano ni Ayllón han tenido alguna vez en su vida la posibilidad de en libertad conocer conceptos tales como: derechos humanos, elecciones libres y generales, prisioneros políticos y de conciencia, pluripartidismo, soberanía popular, entre otros). En Cuba no se pueden virar el tridente contra los que poseen el poder; no solamente en la labor política, sino que tampoco en la política que se ha revestido de trabajo cultural y de solidaridad. De lo contrario, los francos les harían compañía a sus hermanos en celdas oscuras, o en el mejor de los casos tocarían guitarra en casa…
Mi crítica no la dirijo sin embargo a mis compatriotas Cano y Ayllón. No. En la mayoría de los casos, son víctimas – de la misma manera que el aquí firmante lo fuese alguna vez – del control total del régimen sobre el curso de la vida de los súbditos. Mi más fuerte condena la dirijo a los organizadores: la ASC. En primer lugar, porque esta organización (que a pesar de su nombre no tiene en calidad de miembro a ningún cubano residente en Suecia) utiliza a mis hoy esclavizados hermanos Cano y Ayllón con intenciones meramente propagandísticas, para tratar de mostrarle al mundo que los cubanos quieren vivir bajo el yugo comunista. (Que mis hermanos han sido utilizados en nombre del totalitarismo, lo entenderán tan pronto los vientos de la libertad les sople la máscara de la obligada doble moral).
En segundo lugar, porque la ASC durante esas cinco semanas hará todo en su poder para aislar a los visitantes Cano y Ayllón de las conquistas (en forma de incontables derechos) que la democracia y el libre mercado han significado para el pueblo sueco. Dicho accionar es típico en el quehacer de la ASC: llevar a los visitantes cubanos a agrupaciones marginales y automarginadas en el país anfitrión que comparten con ellos la repulsa por la democracia (aunque al mismo tiempo dichos grupos utilizan al máximo sus libertades para impulsar su causa). Mientras, a los huéspedes cubanos se les mantiene a distancia de los partidos políticos parlamentarios, las organizaciones de cooperación internacional y agrupaciones de la sociedad civil, etc., que quieren una transición pacifica y organizada a la democracia en Cuba, y que igualmente son críticas ante la situación de los derechos humanos en la isla caribeña. Es sumamente triste que mis compatriotas regresen a Cuba con la idea de que han visto “Suecia”, cuando en realidad tan sólo han visto probablemente a uno de los peores adefesios de este excelente país: románticos revolucionarios de corte comunista.
En su quehacer, la ASC no procura que los cubanos de dentro y fuera de Cuba puedan encontrarse en condiciones de libertad y conversar sobre el presente y futuro de su país natal. En Suecia viven por ejemplo tres mil cubanos. La mayoría han venido en condición de refugiados, y una vanguardia social de dichos exiliados trabaja abnegadamente en pos de que su país natal, más temprano que tarde, devenga en ejemplo democrático tanto para estados vecinos como lejanos. La ASC nunca ha propiciado que “sus” huéspedes de Cuba se sienten a la mesa con los exiliados cubanos de Suecia. ¿Se atreve la ASC a dar el paso esta vez?
Alexis Gainza Solenzal,
Exiliado Cubano de Suecia.















