Según Castro, la votación mexicana significaba que la política exterior de la nación vecina “se hacía cenizas”, mientras que la del Perú era muestra de “cómo el liberalismo esclavizaba a los países”. La furia del absolutista caribeño también alcanzó al Partido Socialista chileno, acusado este de dejarse regentar por el presidente estadounidense, George W Bush. Los desafueros castristas implicaron que tanto México como Perú llamaran a casa a sus embajadores estacionados en La Habana.
En el mismo escrito, Shachar incursiona abreviadamente en las relaciones mexicano-cubanas: recuerda que los revolucionarios insulares se prepararon justamente en México antes de desembarcar en Cuba en el 1956; que aquel país “ha sido durante todos los años el más confiable aliado del régimen castrista fuera del bloque de Europa Oriental”, y que dicho estado es transitando por turistas de los Estados Unidos de América en camino a Cuba, al tiempo que mercancías de este último acceden al mercado norteamericano siguiendo la misma ruta. La crítica biografía del ex Ministro de Relaciones Exterior de México, Jorge Castañeda, sobre el legendario Ernesto “Che” Guevara; la echada de casa que el Presidente Vicente Fox le aplicase a Fidel Castro, durante la Cumbre Iberoamericana de Monterrey, hace dos años atrás, así como la acogida que el régimen cubano le diese el pasado año al empresario argentino Carlos Ahumada, fugitivo de la justicia mexicana, han sido, en opinión del comunicador, otros hechos que han complicado los lazos entre ambos gobiernos.
Un día más tarde, otro reportero, Bengt Albons, publicaba en el Dagens Nyheter el sensacional(ista) artículo Cuba rompe contacto con Suecia. “El 6 de junio, ningún representante del régimen de Fidel Castro participará en la recepción de la Embajada Sueca en La Habana. La Cuba oficial ha roto contactos con los diplomáticos de Suecia y de otros países de la Unión Europea”, anunciaba el periodista. ¿La causa de la ruptura diplomática? Pues nuevamente el hecho de que la UE también condenase en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, las violaciones del régimen castrista, aparte de que los estados miembros invitasen a disidentes internos a las recepciones en sus respectivas misiones en La Habana.
Para las líneas de esta segunda noticia posaron Diego de Ojeda, vocero internacional de la Comisión de la UE (quien admitiese el trance interestatal, al tiempo que reafirmase que: “el balón está en el campo del régimen cubano pues fue este el que puso en marcha la crisis”); Eivor Halkjaer, embajadora de Suecia en Cuba, (quien por su parte declarase mantener buenas relaciones con la sociedad cubana: “la cultura, la iglesia y por supuesto los disidentes”, además de enfatizar que “la tarea de la Embajada no consistía en tener relaciones cordiales con el gobierno cubano”); y por último, Hans Dahlgren, secretario del Gabinete socialdemócrata, quien comentase la irritación del gobierno cubano por el hecho de que los demócratas sean acogidos en las delegaciones europeas con las siguientes palabras: “No son los cubanos [el gobierno de Fidel Castro] quienes decidirán a quiénes invitamos; eso lo decidimos nosotros mismos”.
Estos acontecimientos de por medio, revelamos a la opinión pública sueca, con el escrito que abajo traducimos y que se publicara el sábado 8 de mayo del 2004 en la sección de Cartas al Director del Dagens Nyheter (más de 360 mil ejemplares diarios, aproximadamente un millón lectores potenciales), la (sin)razón de la tradicional euforia castrista.
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El nudo gordiano de la cuestión cubana
Según este correo del lector, todo aquel que venga con críticas hacia Cuba por violaciones a derechos humanos, cae en desgracia ante el dictador del país, siendo acusado de hacerle el juego a los Estados Unidos de América [Nota introductoria del Dagens Nyheter].
En dos artículos, el 4 y el 5 de mayo, el Dagens Nyheter informó sobre la crisis diplomática de Fidel Castro, tanto con países vecinos como distantes, después de que estos denunciasen en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas las violaciones a los derechos humanos por parte del régimen comunista. El autócrata cubano había calumniado en su discurso del 1ro de Mayo, en términos irracionales, a México y Perú, países gobernados por la burguesía, al Chile regido por los socialistas, así como a toda la Unión Europea (tildada de “chusma mafiosa aliada a y subordinada a Washington”).
La crisis diplomática que el dictador Fidel Castro ha generado, es prueba fehaciente de que el conflicto más importante en lo referente a Cuba no es el que tradicionalmente se ha realzado; es decir, la desavenencia entre las administraciones de La Habana y Washington-, sino más bien la discordia que tiene lugar dentro de Cuba; esto es, entre un pueblo que quiere sus derechos humanos y libertades básicas garantizadas por la ley y en la práctica, y un tirano que desgobierna el país con métodos totalitarios de control y represión.
En cuanto una persona, organización, un gobierno, país o grupo de estados acierta que el nudo gordiano de la cuestión cubana lo constituye el cisma entre el absolutismo del régimen castrista y las aspiraciones de libertad del pueblo, y encima toma abiertamente partido por los disidentes reformistas (la vanguardia cívica del país), son estos humillados por el autócrata de Cuba con todo tipo de denuestos nada diplomáticos, los cuales aluden frecuentemente a sometimiento a presiones de los Estados Unidos de América (EE.UU.).
No importa si la crítica parte de un anarquista, una organización humanitaria, un partido socialista, un país regido por la derecha o una unión constituida por estados gobernados por fuerzas de la derecha, de la izquierda o del centro. Como tampoco importa en qué grado las voces críticas, sean política y económicamente independientes de los EE.UU., o cuán crítica estas sean con respecto a la política hacia Cuba de aquel país.
Alexis Gainza Solenzal
Exiliado Cubano de Suecia.















