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La discordia interina ha evolucionado a torneo boxístico, que hasta la fecha ha consumado su segundo match. Sirve de ring al certamen deportivo, a cuya plaza se sacan paulatinamente trapos sucios de casa, la publicación mensual Vänsterpress (Prensa de Izquierda), órgano de prensa oficial del Partido de Izquierda. Por el momento han ocupado la esquina progresista, Lars Ohly, Presidente de los izquierdistas suecos y Pernilla Zethraeus, Secretaria del partido, ambos miembros de la Dirección y, representantes de la mayoría que apoyase la novedosa toma de posición con respecto a Cuba. Al mismo tiempo, la esquina opuesta, la tradicionalista, la han alternado Virginia Puentes, exiliada latinoamericana y ex (¿?) afiliada; Jonas Lindberg, miembro residente en la isla de Gotland; Tomas Widén, además de asociado al partido en la ciudad de Eskilstuna, también afiliado a la Asociación Sueco-Cubana (castrista); y, finalmente, la prominente Eva Björklund, Presidenta por más de 30 años de la recién mencionada asociación, Jefa de redacción de su publicación, la revista Kuba, y para más elegida recientemente miembro de la propia Dirección del Partido, de la cual personifica, naturalmente, la minoría que se opone a la declaración partidaria.
Huelga decir que el campanazo que echase andar el pugilato, lo fuera la divulgación tanto en la página de Internet del Partido de Izquierda como en Vänsterpress (No. 5, mayo del 2004) de la controversial Declaración sobre Cuba. Procurado el aldabonazo, la púgil Virginia Puentes no se hizo esperar, invadiendo la página de debate del mismo número en que se publicase el documento de la discrepancia. Con agresivo finteo e izquierdazos extremados y persistentes al rostro de sus contrincantes, la exiliada latinoamericana afirmó a todo lo largo del primer match, entre otras increpaciones, que Cuba no era una dictadura, cosa verificable si se leyera su constitución, que allí tienen lugar elecciones generales y libres, que los principales derechos humanos (alimentación, medicina y educación) están garantizados, que los 75 demócratas encarcelados estaban pagados por los Estados Unidos de América, que Cuba es supersolidaria, que cómo era posible que Lars Ohly en un programa televisivo escogiese, entre “el mediocre” Tony Blair y “el carismático” Fidel Castro, al primero (notamos que este zurdazo le hinchara algo el pómulo derecho a Ohly), y que, finalmente, recogería sus bártulos de la mansión del partido por el cual había trabajado desde su arribo a Suecia, hace 24 años atrás.
Sorprendente del ataque de Virginia Puentes, fue ver que los oponentes del bando progresista, Lars Ohly y Pernilla Zethraeus, se mantuvieran impávidos ante tantos izquierdazos, y que con la guardia en alto repitiesen, casi textualmente, lo que la provocativa Declaración sobre Cuba, recogiese en sus exigencias. Pero además, las cosas no quedaron allí: aproximándose los últimos segundos del tercer round, pegaron fuertemente a la fisonomía de la contrincante, con pasos simultáneos a los lados, cuando le recordasen que: “Ser solidarios con el pueblo cubano, significa que tenemos que reconocerle tanto su derecho a elegir su propio camino, como su derecho a las libertades y derechos humanos fundamentales que consideramos obvios en nuestro país”. Provocaron estos porrazos, el primer conteo de la púgil latinoamericana, que aunque pudo levantarse ante de los 10 segundos, regresó rotundamente a la lona, cuando el caballero Lasse (afectivo alias por el que se le conoce a este profesional de los pasados en el universo boxístico) le propinara un definitivo uppercut que pusiese fin al combate: “A la pregunta de si elijo a Blair o a Castro, respondí que a Blair puesto que este último puede ser destituido en elecciones democráticas”.
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No la tendrían pues fácil, el dúo Lasse-Pernilla, en la siguiente contienda, que se desarrollara en la sección de debate del No. 6-7, de Vänsterpress. Tres atletas (Jonas Lindberg, categoría gallo; Tomas Widén, welter; y Eva Björklund, pesado) se alternarían el ring, con la explícita intención de, a izquierdazos limpios, quebrantar los derechos pilares del pliego de la desavenencia. Pasó Lindberg entre las cuerdas con agilidad pasmosa, más pronto entendimos, telespectadores y público presente, que tiraba puñetazos al aire con los que le atañía la culpa de lo que estaba aconteciendo en casa, con cierto aire de conspiración, a unos liberales editorialistas, para más ausentes de aquel espectáculo. Entre los jabs que pudieran haber llegado al menos a las costillas de los contendientes, figuraba el que la legislación cubana, como la sueca, criminalizaba el colaboracionismo con potencias extranjeras; que la creciente escalada norteamericana contra Cuba exigía que se cerrara filas tras una defensa de la isla, la cual a propósito era ejemplo político (con educación y medicina de niveles mundiales) para el mundo; y que “Cuba no era ninguna nueva Unión Soviética”. Así de aburrido, acompañado del abucheo de las gradas, cerró el primer round de este segundo match.
Tras presenciar el fracasado rodeo de su camarada de esquina y escuela, el welter Widén se inclinó por otro estilo: en lugar de intentar hacer blanco en el rostro de los progresistas, prefirió descargarles una sarta de sorpresivos ganchos en su estómago. Para sacarles el aire, decidió no hacer referencia alguna al maléfico documento de su partido, sino que se desplayó describiendo (y especulando) sobre otro cartapacio; el que publicase el 6 de mayo el gobierno de Geroge Busch en los Estados Unidos de América sobre la política casera de caras a Cuba democrática. Cada hook del “sueco-cubano”, era una revelación de las perniciosas intenciones de aquel estado para con la ínsula vecina: que si ayudarían a terceros países que a su vez ayuden a subvertir al régimen socialista cubano; que si le pagarían más a la red de agentes en Cuba (disidentes, demócratas, opositores), en definitiva que se buscaba “crear las premisas políticas, diplomáticas y de opinión para una creciente agresión, incluida la posibilidad de una invasión regular militar”. Como comentaristas subjetivos de la lid, reconocemos que el welter dejó mucho que desear.
Así las cosas, centramos nuestras esperanzas de presenciar una pelea de rango, en la representante de los pesos pesados, la célebre Eva Björklund. Con más experiencia que sus colegas de partido, la veterana se inclinó por dirigir sus ciegos zurdazos a los puntos, supuestamente débiles, del documento que la Dirección a la que pertenece aprobase recientemente. Tres sitios puso la púgil en la mirilla de sus golpazos, llamados estos a desacreditar la veracidad de toda la Declaración: que esta miente cuando afirma que las personas están encarceladas debido a leyes que criminalizan la libre expresión de opiniones, puesto que en realidad se ha hecho uso de una ley, la de la defensa de la economía nacional y la soberanía del país, para encausar a colaboradores con terceros países; que en Cuba no existen corredores de la muerte (cosa que la boxeadora ya le había hecho notar a sus contrincantes fuera de las cuerdas); que todos los encausados tienen derecho, acorde a la legislación cubana, a escoger sus propios abogados de defensa. El uppercut que Björklund le guardara para el final a sus rivales no solamente podría, de haberles alcanzado al rostro, estremecerles, sino que además provocado el aturdimiento de los concurrentes: “Si Blair es de preferir por que puede ser destituido en elecciones democráticas, también Castro puede serlo, el cual encima no es criminal de guerra. Si los aproximadamente 40 mil electores en la localidad de Fidel Castro, no señalan con una cruz el nombre de este en las elecciones generales, secretas y libres que tienen lugar en Cuba cada cinco años, pues él no entraría en la Asamblea Nacional del Poder Popular, no pudiendo esta elegirlo presidente. Y la Asamblea Nacional puede, al igual que otras asambleas, en cualquier momento revocarle su mandato.”
Usted se preguntará, atento seguidor de este sugestivo reportaje deportivo, cómo respondería el bando progresista a los puñetazos al aire del gallo Lindberg, a los ganchos sorpresivos del welter Widén y, por último, a los izquierdazos ciegos y uppercut de la pesada Björklund. Yo me hago la misma pregunta, pues los púgiles Pernilla y Lasse brillaron por su ausencia en el ring del segundo encuentro, ganándolo, supuestamente por no presentación, el trío tradicionalista. La intuición nos dice, no obstante, que el certamen no ha concluido, que nuevas peleas se avizoran en la arena de Vänsterpress. ¡No se las pierda!
© Alexis Gainza Solenzal,
Exiliado Cubano de Suecia,
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