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Pusha

Hitler y Castro

21-09-2006.
Ramón Humberto Colás. Foto ©: Julio González Mendinueta. Cuarenta y seis años después, los cubanos continuamos preguntándonos cómo pudo suceder que una nación de hombres como Félix Varela, José Martí, Luz y Caballero, Juan Gualberto Gómez, Antonio Maceo y tanto otros, pudieran abrazar una ideología como el comunismo. Es la misma interrogante que hoy muchos en Alemania se hacen después de más sesenta años del fin del nazismo.

La gran potencia del pensamiento, la filosofía, las letras y los grandes poetas generó a Adolfo Hitler y la mayor de las antillas con un largo historial de lucha por los valores humanos a Fidel Castro.

El grado de crueldad de Hitler es considerado insuperable para muchos. Sin embargo, otros consideran que la proyección del mal provocado a diferentes naciones del mundo por gobernantes como Slobodan Milosevich en Yugoslavia, Ceausescu en Rumania, Idi Amin en Uganda, José Stalin en la desaparecida Unión Soviética, Sadan Husein en Irak y Castro en Cuba entre otros, se iguala al dictador alemán por la intencionalidad del daño ocasionado.

Todos fundamentaron sus modelos en la degradación de la persona humana y del adversario político. La similitud entre todos esos personajes siniestros radica además, en la evidencia de una perturbación mental, el apego al acto criminal, la obsesión por permanecer en el poder, la creencia en un conjunto de ideas magnánimas que supuestamente beneficiarían al pueblo y la justificación que hacen de sus eventos crueles.

El castrismo en Cuba y el ideal nazi en Alemania tienen una cercanía tan evidente que parecen ser idénticos o uno calco del otro. Ambos se originan en el auge de la lucha ideológica y en el intento de superar el pasado histórico de cada uno en sus respectivos países. Hitler hipnotizó a los alemanes con un discurso retorcido por la agudeza de sus argumentos y por la creencia de una superioridad aria, que predestinaba al pueblo alemán a ocupar el sitial de mayor dignidad en el mundo.

Castro, fascinado por trascender en la historia, encontró en el marxismo el  espacio ideal donde acomodar sus ambiciones de poder. Enquistado en un discurso similar al de Hitler por sus aspavientos, entonación y mímica, el gobernante cubano se presenta como el paladín de los pobres y el Mesías de nuestros tiempos, capaz de liderar a un mundo concebido por la hegemonía de la ideología comunista.

Si bien, el nazismo intentó hacer de la nación alemana una nueva expresión de la cultura, el modelo cubano bajo Castro ha considerado convertir a Cuba en una sociedad gloriosa y dependiente de una autonomía sujeta a su ideario personal. También los nazis quisieron crear un hombre nuevo, tal como promueve el totalitarismo cubano. Este debía ser obediente y atesorar la fidelidad al máximo líder y a la revolución por encima de todo, de manera tal que llegara a sustituir el humanismo por el menosprecio hacia la piedad, cuando de defender los supuestos valores del sistema se trate.

El odio, la persecución y el aniquilamiento por parte de Castro a sus adversarios políticos, recuerda el desamparo del pueblo judío ante los hostigamientos nazis. Los actores de esos crímenes tenían alma de patibularios confesos y accedían a obedecer con la mayor frialdad cualquier orden bajada del Tercer Reich o del palacio de la Revolución. Ahí están las imágenes del horrendo crimen contra los pueblos europeos ocupados por los fascistas alemanes. También el castrismo tiene su lado oscuro. En 1959 fueron masacrados decenas de personas en Santiago de Cuba y sepultadas en una fosa común dando inicio a múltiples ejecuciones sumarias a lo largo del país.

Los hitlerianos idearon una forma de matar con eficiencia. Los castristas también. Los primeros llegaron a experimentar con seres humanos hasta degradarlos al nivel de un animal de laboratorio. En Cuba, los condenados al pelotón de fusilamiento, son llevados antes de morir a una clínica para extraerles la mayor cantidad posible de sangre, que una vez convertida en plasma y otros derivados, son comercializados en un mercado de lujo aportando jugosas ganancias para Fidel Castro.

Hitler y Castro son personajes abominables y petardistas. Ambos condenaron a sus pueblos a la aventura y la vileza. Al odio y a la adulación. Al crimen y a la estafa. Condenaron a los hombres buenos rodeándose de seres humanos sin esa condición. Esculpieron el mal con precisión e hipnotizaron la inteligencia de los eruditos, convirtieron la intriga, la simulación y el miedo en un arma letal de control y poder.

Intentaron adueñarse de la historia y empezaron a escribirla a partir de ellos mismos. Negaron la moral y el escrúpulo. Transformaron la farsa en argumento de sus partidos. El bien en un signo mínimo de su perversidad y el odio en un termómetro contagioso para condenar al chiquero a la virtud y la vergüenza.

Si la Alemania de Goethe  y la Cuba de Varela engendraron dos seres execrables como Hitler y Castro fue porque no se prestó atención a la fatuidad de sus ideas y a la caricatura de su malevolencia. Porque el hechizo nubló la racionalidad de ambos pueblos hasta dejarlos en el nivel de la conciencia sumisa frente a la fogosidad de dos psicópatas. Porque muchos, fascinados, creyeron alguna vez que para ser mejores debían dejar su suerte en manos de un superhombre, capaz de administrarles la voluntad, decidir por sus vidas e interceder por sus mentes.

Castro y Hitler son el resultado de un  espacio anémico en la historia. Su desmedida actuación se encarnó por un lamentable error de la inteligencia de los dos pueblos.

Los alemanes han corregido el pasado y hoy son una locomotora del desarrollo democrático, político, económico y social en toda Europa. Aunque no han dejado de mirar atrás, se sienten apenados por el daño causado a otras naciones y pueblos vecinos. Hoy se han planteado un “nunca más” y parecen dispuestos a conseguirlo.

Cuba, por su parte, permanece empantanada en la aventura y el odio de una clase gobernante que la desprecia y a  pesar de vivir de su miseria, la condena al peor de los castigos y a morir defendiendo la esquizofrenia  de un sistema frugal y dinástico.

Misceláneas de Cuba. Revista de Asignaturas Cubanas. Misceláneas de Cuba, No. 2, Año VI,  MARZO - ABRIL DE 2010
Misceláneas de Cuba. Revista de Asignaturas Cubanas. Misceláneas de Cuba, No. 2, Año VI, MARZO - ABRIL DE 2010
Dissidents. Les veus que Castro no ha pogut silenciar.
"Dissidents. Les veus que Castro no ha pogut silenciar."
Autores: Carles Llorens y Clàudia Pujol. Editores: dèria EDITORS y La Magrana. Primera edición: Octubre de 2007.
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