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Durante marzo del 2003, las miradas del mundo estaban viradas hacia Irak. Al mismo tiempo, a cientos de millas de allí, el dictador de Cuba, Fidel Castro, aprovechó la oportunidad para condenar a 75 luchadores pro democracia a sanciones de prisión de hasta 28 años. Entre los arrestados figuraban periodistas, bibliotecarios y políticos. Dichas personas no han hecho uso de la violencia ni se han dedicado a ninguna otra actividad criminal. Su único delito es luchar por una Cuba democrática.
Los prisioneros de conciencia son tratados mal: son puestos en cárceles que se encuentran tan lejos de sus hogares que los familiares no pueden visitarlos. Con frecuencia son ubicados en celdas estrechas y oscuras, o tienen que aguantar represalias de parte del personal de las prisiones. Entre otros, debido a estos últimos puntos, Cuba ha recibido fuertes críticas de Amnistía Internacional.
Svenska Dagbladet [diario sueco de corte moderado] ha contado tiempo atrás sobre Roberto Miranda, uno de los 75 que fuera arrestado en marzo, pero que ahora ha sido liberado a pesar de una condena de 20 años. El motivo de la liberación fue, con toda seguridad, el estado de salud de Roberto de Miranda. El está enfermo del corazón y sufre de presión alta: si se hubiera muerto en la cárcel, se hubiera visto muy mal.
Roberto de Miranda ha trabajado en una organización de pedagogos independientes, además de estar activo en el Proyecto Varela iniciativa que busca un referendo, entre otros aspectos, por la libertad de expresión en Cuba. Sin embargo, después de la condena de Roberto, los otros pedagogos de la organización han tenido miedo, no atreviéndose a comprometerse más . Arriesgan que sus hijos no puedan estudiar o trabajar, o a perder sus propios trabajos. El único actor en el mercado de Cuba es el estado, y este quien decide quién se puede ganar la vida y quién no. El caso de Roberto de Miranda está muy lejos de ser único.
La oposición en una dictadura vive gracias al apoyo del mundo. Mientras más fuerte sea dicho apoyo, con mayor seguridad estos podrán trabajar. Todo el movimiento democrático no está encarcelado. Los que aún no han sido encarcelados deben sentir apoyo para que puedan seguir trabajando. Un luchador desconocido por el mundo, será rápidamente un luchador encarcelado. Si la ola de arrestos es olvidada, entonces Fidel Castro ha ganado, lo cual nunca debería suceder. Oswaldo Payá, el disidente cubano posiblemente más conocido, no está encarcelado. Nadie sabe con exactitud por qué, pero ello depende probablemente de que cuenta con las miradas vigilantes del mundo.
Hacer algo como individuo por la situación en Cuba, es más fácil de lo que uno piensa. A pesar de todo, el país está fácilmente asequible a turistas y otros visitantes. A pesar del fuerte control del régimen, en Cuba hay algunas bibliotecas independientes . A estas uno puede llevarles librosen español, por ejemplo, Rebelión en la Granja . También se necesitan radios de onda corta para que los cubanos puedan captar el independiente Radio Martí, enviado desde Miami. Todo lo que le muestre a los cubanos, que uno como extranjero ha visto más allá de la divertida superficie, es importante.
Además, también se puede mostrar solidaridad desde Suecia. El fondo multipartidista “Los prisioneros políticos de Cuba” reúne dinero, el cual sin recortes va a parar a familias de prisioneros reconocidos como de conciencia por Amnistía Internacional. El apoyo enérgico del mundo fortalece las probabilidades de la democracia. Mientras cada vez más se comprometan con el futuro democrático de Cuba, mucho más se debilitará el control de Castro sobre el país. ¡Ojalá que pronto llegue el día en que una generación de cubanos crezca en libertad! Sin embargo, los cubanos mismos serán quienes echen a Castro. Nosotros tenemos tan sólo que ayudarles a determinarse.
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